|
|
En los 200.000 años que llevamos los hombres sobre la Tierra hemos roto
el equilibrio que durante casi cuatro mil millones de años de evolución
se había establecido en el planeta. El precio que debemos pagar es
alto, pero es demasiado tarde para ser pesimistas: la humanidad dispone
apenas de diez años para invertir la tendencia, darse cuenta del grado
de espolio de la riqueza de la Tierra y cambiar su modelo de consumo.
HOME
es un largometraje dirigido por Yann Arthus-Bertrand y coproducido por
EuropaCorp (Estudio de Luc Besson) y Elzévir Films con el apoyo de PPR.
HOME se compone de imágenes aéreas que abarcan los temas
medioambientales más importantes, diciéndonos a la vez que aún existen
soluciones. HOME se ha estrenado el pasado 5 de Junio 2009 en todo el
planeta y en todos los formatos. El objetivo es llegar a la audiencia
más amplia posible y convencernos sobre nuestra responsabilidad
individual y colectiva hacia el planeta.
Porque todos tenemos una cita con el planeta...
<< Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen
que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de
agotar los recursos naturales y impedir una evolución catastrófica del
clima de la Tierra. Cada uno de nosotros debe participar en el
esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas
que realizé la película HOME. Para que esta película sea difundida
lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita. Un mecenas, el
grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se
comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún
interés comercial. Me gustaría que esta película se convierta en vuestra pelicula. Compártelo. Y actúa. (Yann Arthus-Bertran)>>
ESTO ES UN LLAMADO DE ATENCIÓN.... MIRA BIEN Y LÉE.... PARA QUE TE ENTERES DE LO QUE PASA AL OTRO LADO DEL MUNDO.... NO DESPERDICIES EL AGUA.... A TÍ, HOY TE SOBRA.... ALGÚN DÍA PUEDE FALTARTE
Delhi, la India. Todos quieren solo un poco de agua Dos
muchachos sudaneses beben agua de pantanos con tubos plásticos
especialmente concebidos para este fin con un filtro, proporcionados
por el centro de Carretero para filtrar las larvas flotantes que son
responsables de la enfermedad del gusano de Guinea. El programa ha
distribuido millones de tubos y ha reducido la extensión de esta
enfermedad debilitante en un 70%.
Los
glaciares que proveen a Europa el agua potable han perdido más de la
mitad de su volumen en el siglo pasado. En esta foto, trabajadores en
la estación de esquí del glaciar de Pitztal en Austria cubren con una
manta especial el glaciar para proteger la nieve durante los meses del
verano y retardar el derretimiento.
Las aguas del delta del río de Niger se utilizan para defecar, bañarse, pescar y tirar la basura. Aguas sucias en grifos residenciales a causa del avance indiscriminado del desarrollo, ya es normal y las demandas son archivadas por los gobiernos. Estos mismos gobiernos son los que dan los permisos de operaciones.... Aldeanos en la isla de Coronilla, Kenya, cavan pozos profundos en busca del preciado liquido, apenas a 300 metros del mar, el agua que obtienen es salubre pero digerible. El que una vez fue el cuarto lago mas grande del mundo, ahora es un cementerio polvoriento en el que se aprecian naves que nunca zarparan. UN MENSAJE A LA CONCIENCIA HUMANA... PARA QUE APRECIES EL VALOR DEL AGUA QUE EN ALGUNOS LUGARES TODAVÍA TENEMOS. EL AGUA ES EL PROBLEMA DE TODOS, Y SIN AGUA NO HAY VIDA.

Green Box Ya está: el arquitecto Luis de Garrido presenta su último prototipo de vivienda sostenible, Green Box,
en la ciudad de New York, el martes 21 de abril en el Museo Glasshouse.
La vivienda se construirá en Barcelona con motivo de la Feria
Internacional de la Construcción Construmat 2009, que se presenta el
jueves 23 de abril, y se exhibe del 20 al 25 de abril. Green
Box es la primera Vivienda-Jardín modular, prefabricada, reutilizable,
transportable, con ciclo de vida infinito, bioclimática, con un consumo
energético cero, y que no genera residuos. Se construye en sólo 15 días Debido
a sus avanzadas características Green Box se está construyendo en tan
solo en 15 días (del 4 al 19 de abril), y el proceso puede verse en
tiempo real en internet. El
edificio incluye en su interior una Exposición Multimedia de Proyectos
de Arquitectura Sostenible y Vivienda Social Sostenible, de Luis de
Garrido ("Arquitecto del año 2008" por la ISBA) "Naturalezas Artificiales VI". Hacia "Otra Arquitectura" La
Asociación Nacional de Arquitectura Sostenible (ANAS), junto con la
Asociación Nacional para la Vivienda del Futuro (ANAVIF) y el
Directorio Nacional de Empresas para la Arquitectura Sostenible (DINAS)
presenta el próximo día 20 de abril esta especial vivienda que, sin
duda, será el centro de atención de Construmat 2009. Además
de su carácter totalmente ecológico, la vivienda es muy económica: su
construcción cuesta la mitad de una vivienda convencional (unos 550
euros/m2), por lo que puede convertirse en un modelo constructivo para
el nuevo sistema social y económico.
The Pegasus Project have built a small sustainable village near
Kathmandu, Nepal in the Himalaya mountains. There are over 40 super
adobe domes to accommodate 80 children, 10 staff and a small school.
There is also Solar panels for hot water and a Bio Gas plant.
El proyecto Pegasus ha construido un pequeño pueblo sostenible cerca de Katmandu, Nepal en la cadena de montañas del Himalaya. Hay más de 40 domes de Superadobe para alojar 80 niños, 10 domes para el equipo y una pequeña escuela. Todo funciona con paneles solares para el agua caliente y una planta de bio gas.
     .jpg)          
Que variedad de estilos, y se puede sentir la armonia de estos hogares...
porque se trata de verdaderos hogares llenos de luz, no tienen nada que ver con las frias construcciones de hórmigon...
Las casas de Nader
Khalili resisten terremotos e inundaciones
y su creación, el 'súper adobe', se
inspira en construcciones del desierto de Irán.

Nader Khalili, iraní de nacimiento y californiano de adopción,
no es un arquitecto del montón. A finales de los setenta, en Cal-Earth, la
organización para la que trabaja, desarrolló el 'súper adobe' ('superblock', en
inglés), una técnica de construcción a base de sacos de arena y alambre de
espino, a prueba de seísmos y testada por las exigentes autoridades de
California.
El interés de la NASA por el proyecto
es secundario para Khalili, "la principal aplicación de mi método es aquí
en la Tierra, para los desplazados", aunque en alguna ocasión ha bromeado
diciendo que el proyecto marciano
y lunar solucionaría el problema de la vivienda en el mundo. En
enero de 2000, Khalili obtuvo la autorización del Ayuntamiento de Hesperia,
California para construir su prototipo de 'ciudad lunar'. Desde entonces, la NASA ha renovado
su interés en el sistema de Khalili.
En Hesperia (a 70 km al Este de Los
Ángeles), se encuentra la máxima expresión de su obra, una ciudad de arena
donde muestra su técnica constructiva. Casas redondeadas, acabadas en cúpulas,
amplias, de diferentes tamaños y formas. Una técnica que también ha aplicado en
la construcción de un poblado en el corazón de Asia Central y en las zonas
afectadas por el tsunami de Indonesia.
"La tierra es el material más ecológico, abundante y duradero que
existe y además ¡está por todas partes! Mil millones de
personas en el mundo carecen de hogar o sus casas son débiles y se derrumban,
con mi sistema esto no ocurre", explica
entusiasmado Khalili.
En 1984, Khalili presentó su proyecto
ante los técnicos de la NASA bajo el título 'Bases lunares y actividades espaciales en el siglo XXI',
viable en una hipotética colonización extraterrestre. Pero se cansó de esperar
a que le llamasen para construir 'apartamentos lunares' y lleva años aplicando su método,
las casas lunares son sólo un uso más.
Harto de rascacielos
Nader Khalili nació en Irán. En 1970 se
licenció en arquitectura en California y desde 1975 se ha dedicado al
desarrollo del tercer mundo. Aquel año, "mi hijo me comentó que sus amigos
jugaban para ver quién corría más deprisa y él nunca ganaba así que se giró,
vino hacia mí y me aseguró que él quería
correr por su cuenta. Esas palabras me hicieron pensar mucho,
si corres todo el tiempo detrás de otros nunca puedes desarrollar tu potencial
ni tus capacidades", recuerda Khalili emocionado.
Fue así como Nader Khalili dejó de
diseñar rascacielos, cerró sus oficinas en Teherán y Los Ángeles, se compró una
motocicleta y huyó al desierto de
Irán, donde encontró la inspiración para las casas que quería
construir. Las viviendas del futuro tienen su origen en un método muy antiguo
inspirado en las antiguas construcciones del desierto.
El 'súper adobe' puede emplearse para
construir cualquier tipo de
vivienda. Hasta la fecha, su aplicación más extendida han sido
los campamentos de refugiados de zonas afectadas por movimientos sísmicos.
"El coste de una tienda de campaña, que es el sistema más habitual para
estas situaciones, es superior al de una casa-refugio construida con el método
'super adobe'", comenta orgulloso Khalili, que calcula su coste en unos
200 dólares, menos de 150 euros.
Khalili comenta que "una casa
pequeña puede ser construida en tan sólo uno
o dos días si participan tres personas, y sin saber cómo
hacerlo".
Pero su técnica no sólo es aplicable a
campamentos de urgencia. "Hemos construido casas de cuatro habitaciones,
dos baños e incluso dos garajes", dice. "Toda España es muy seca y
desértica, muchos lugares están perdiendo bosque muy rápidamente. Estas
viviendas son útiles para preservar la naturaleza, limpiar el aire, etc. porque
en su construcción no se utiliza absolutamente nada de madera", añade.
A prueba de seísmos
El proceso para construir una casa es
simple: la tierra se deposita en bolsas tubulares que se disponen en círculo
-en el modelo menos sofisticado-, levantando las paredes hasta conseguir una
especie de cúpula. El alambre de espino sirve para unir las distintas capas de
bolsas.
El tamaño de las casas puede variar
desde una sola habitación a otras más sofisticadas, con varias habitaciones e incluso más de una planta.
"En este caso no son recomendables para zonas que sufran fuertes
seísmos", puntualiza. Las viviendas están equipadas con todos los
servicios básicos, agua corriente, luz, etc. Además, quedan aisladas
naturalmente gracias a sus materiales que "permiten que la vivienda tenga
siempre una temperatura homogénea", dice Khalili.
Khalili es asesor de la ONU para la arquitectura
sostenible. Su método resiste
terremotos, huracanes e incluso maremotos y ha sido avalado por
el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que lo
empleó en 1995 para establecer un campamento de personas desplazadas desde Irán
a Irak.
En 1986 Khalili fundó la organización
sin ánimo de lucro California
Institute of Earth Art and Architecture (Cal-Earth) dedicada a
la investigación y desarrollo de la arquitectura sostenible y desde donde
enseña y divulga el método de construcción de forma gratuita. "Si alguna
persona en España quisiera aprender el método le recibiríamos en Cal-Earth;
durante unas dos semanas le enseñaríamos todo lo necesario para poder levantar
casas con el sistema del 'súper-adobe', para que, a su vez, esta persona
pudiera dar a conocer el método en España".
Cal-Earth espera poder trasladar una
delegación a Europa, "muchísima gente se ha interesado por el método en
este continente, cuantas más
personas lo conozcan y puedan seguir extendiéndolo mejor",
concluye.

Khalili ha encontrado la base de su
forma de entender la arquitectura en las enseñanzas del maestro de la tradición
Sufi, el poeta y filósofo persa Rumi.
"El poeta dijo: "La tierra se convierte en oro en manos de
los sabios" ...nosotros estamos demostrando que es posible
que los humanos convirtamos en oro la tierra,
los cuatro elementos esenciales
de la naturaleza tierra, aire, fuego y agua bastan,
esta es la filosofía de mi
organización y de todo lo que hago... Cal-Earth, fundación de Nater Khalili
ASENTAMIENTO RURAL EN
VIVIENDAS BIOCLIMÁTICAS EN UN PUEBLO PALENTINO:
Una veintena de
personas repueblan Amayuelas recuperando la construcción tradicional de Adobe y
tapial, los principales materiales que han hecho renacer las casas del pueblo.
Total, diez cooperativistas disfrutan de sus hogares sufragados por ellos y de una
ayuda Unión Europea.
"Hay que recuperar
el contacto con la tierra".
Y qué mejor que hacerlo desde algo tan básico
como la vivienda. Javier, un cordobés de 29 años, lo tiene así de claro. Por
eso, cuando oyó hablar del proyecto de Amayuelas, un municipio palentino donde
un grupo de personas intenta asentar población en casas levantadas al estilo
tradicional -lo que en el área significa utilizando adobe y tapial-, no se lo
pensó.

A Javi, eso sí, le tiraban "sus raíces", como él mismo
reconoce. Sus abuelos y uno de sus tíos fueron pastores
trashumantes y él pasó cinco años como monitor en una granja escuela en su
pueblo natal, Cabra. Después, se interesó por la "agricultura
biodinámica" y, tras buscar trabajo en pueblos pequeños, se cruzó,
"por casualidad o destino", con el proyecto Nuevos pobladores de
Amayuelas. Llegó al lugar, enclavado en plena de Tierra de Campos, el pasado mes
de abril, con seis jóvenes más.
Allí, además de aprender horticultura o
desarrollar oficios casi olvidados como el esquilado, descubrió la construcción con tierra y,
"fascinado" por la actividad, ha decidido centrarse en ella. "Me
he hecho autónomo y he empezado a trabajar con una empresa de la zona dedicada
a la edificación a través de técnicas tradicionales". Según comenta, no
les faltan encargos.
Junto a él, otro cordobés, un navarro y
varios castellanoleoneses, todos ellos de entre 25 y 30 años, han participado
en una iniciativa que les ha brindado alojamiento, manutención y aprendizaje a
cambio de su trabajo en las diferentes industrias puestas en marcha en
Amayuelas: explotaciones ovinas, panadería, huerta... ¿El objetivo del
programa? "Formar y capacitar a sus integrantes en la vida en un
pueblo", apuntan dos de sus responsables, Cristina y Melitón. "Por
aquí ha pasado mucha gente: algunos permanecen y otros no", señalan. Todos
los años, y al margen de proyecto alguno, llegan voluntarios para aprender trabajando a cambio de cama y comida. 
El municipio palentino es, gracias al
empuje de un grupo comprometido de luchadores, una localidad repoblada -ninguno
de los vecinos permanentes es originario de allí- donde vive de forma estable
una veintena de personas: la más joven tiene 25 años y la mayor, 50. Cuenta con
una decena de viviendas
bioclimáticas, que se diseñaron con la ayuda de Arquitectos sin
Fronteras de Castilla y León y se hicieron realidad gracias a la creación de la
cooperativa Entramado.
Corría el año 2000 cuando se inició su
construcción y, hoy, los 10 cooperativistas disfrutan de casas de dos plantas
de tapial -en la inferior- y adobe -en la superior-. Las residencias tienen,
pues, la tierra como "material portante", ya que no existe estructura alguna de hierro o cemento.
Con una superficie de 45 metros cuadrados y orientadas al Sur, disponen de una
fresquera al Norte y de un porche acristalado, que les permite mantener la
estancia a buena temperatura en invierno.
Han recuperado, además, la gloria, que se 'enroja' desde el subsuelo,
como antaño, para conseguir calor. En la esquina opuesta del acceso a este
tradicional sistema de calefacción, que se encuentra bajo la puerta de entrada,
aparece una chimenea. Su posición, estratégica, tiene el propósito de que el
aire circule en diagonal a través de varios arcos y temple así toda la casa. En
la parte de atrás hay un corral y en la superior, abuhardillada, placas solares que, además de
cubrir las necesidades de los moradores, les sirven para obtener ingresos con
la venta de la energía sobrante. Existe, también, un local común con dos
lavadoras, frigorífico y arcón. Para la edificación de las viviendas recibieron
una ayuda de la Unión Europea,
pero fueron finalmente los cooperativistas quiénes las sufragaron.
En una de ellas ha permanecido, durante
el tiempo que ha durado el programa, la pareja que se apuntó a la experiencia.
El resto, como Javi, lo ha hecho en el alojamiento de 35 plazas que se levantó
hace siete años. Aprender y evitar que el conocimiento del medio rural se
pierda son la razón de ser de la iniciativa de rescatar Amayuelas de la
despoblación, que surgió cuando un grupo de emprendedores decidió poner en
marcha allí una empresa de catering para dar servicio al envejecido vecindario
de la zona. Desde entonces, se han
reconstruido lugares emblemáticos del pueblo como el palomar y
se han creado una cantina en antigua la caseta de la huerta, una biblioteca y
un semillero. Pero la localidad palentina es mucho más.
Los impulsores de la iniciativa tratan
de recobrar conocimientos.
De ahí que, la formación que ofrecen para transmitir esa sabiduría y evitar su
pérdida, sea fundamental. Lo hacen a través de cursos periódicos de materias
como la construcción con tierra o la fruticultura y de charlas y conferencias
gracias a Cifaes-Universidad Rural Paulo Freire, que tiene en Amayuelas una de
sus sedes. Y trabajan en red con productores de pueblos cercanos para la
comercialización de los artículos de agricultura y ganadería ecológica que
producen.
Javi asegura que, pese a los madrugones
-"me levanto a las 6.30 y llego a las 16.30 a comer y descansar"-,
disfruta de la vida en la localidad. "Te da tiempo a hacer un montón de
cosas, te sientes útil y, cuando sales fuera, te diviertes también de los
desplazamientos". Él y sus compañeros son la prueba de que "se puede
volver a los pueblos". De que, incluso, en ese retorno al medio rural
puede estar, más que nunca en tiempos de crisis, "el futuro". Asegura
que no olvidará el "abrazo de
la tierra" que ha sentido en el municipio castellano. 
http://www.arquisocial.org/tiki-index.php
¿El Adobe qué es?
¡Pues, es tierra, agua y paja!
Para un metro cuadrado de pared se
precisan en torno a 32 bloques de adobes (33 x 16 x 8 centímetros) y dos
personas pueden construir más de un millar de bloques de adobe en una sola
jornada de trabajo. Basta un simple molde de madera –o adobera- para
producirlos. El precio: los 17 euros/hora a la hora que cobra un operario. Una
pared con adobes, colocados a soga y a tizón, ocupa unos 35 centímetros de
espesor, requiere un zócalo de piedra y un revestimiento de cal.
El adobe sirve de base constructiva en
medio mundo, especialmente en África, Latinoamérica y Asia. Por emplearlo e
innovar con su uso se han hecho mundialmente conocidos arquitectos como el
egipcio Hassan Fathi
o el iraní Nader
Kalili, inventor del 'superadobe'. En España, comienza a reutilizarse en
Andalucía y las dos Castillas, mientras que las zonas desérticas de Nuevo
México y California (Estados Unidos) son desde hace décadas escenarios de
numerosos experimentos arquitectónicos con este material.

Desde el Golfo Pérsico, donde la
necesidad está tan alimentada por la riqueza que produce el petróleo -y de
hallar nuevos modelos de negocios- como el entusiasmo ambiental, en los
Emiratos Árabes Unidos el dinero es algo que no escasea, cada cierto tiempo nos
sorprenden con algún proyecto de grandes proporciones: en Abu Dhabi, emirato
donde están invertiendo US$ 22.000 millones en la construcción de una ciudad
que servirá como modelo para las ciudades “verdes” del futuro y que ha sido
bautizada como Masdar.
Con espacio para 50.000 habitantes,
este centro urbano es el hito más importante de la Masdar Initiative, un gran proyecto de
investigación y de desarrollo de tecnologías limpias. En la limpia ciudad de
Masdar, no se producirán emisiones de CO2, los automóviles serán cosa del
pasado y toda la energía provendrá de fuentes renovables.
El agua para los habitantes será entregada
por plantas de desalinización alimentadas por energía solar, la cual también
será la fuente básica de electricidad para el resto de los servicios de la
ciudad. El sistema de transporte estará basado en pequeños carros que correrán
sobre vías magnéticas y el aire acondicionado será accionado por turbinas
eólicas. La primera fase de desarrollo de la ciudad, incluye la construcción
del Masdar Institute of Science and Technology (MIST), la primera universidad
dedicada a las energías renovables, creada con ayuda del MIT. Este centro de
estudios debería abrir en 2009. La ciudad completa debería estar lista para
2016.
Junto con la construcción de Masdar,
Abu Dhabi también tendrá la planta de hidrógeno más grande del mundo.
Y en un mundo cada vez más poblado que
está comenzando a sentir los límites del medio ambiente, una nueva tendencia
impulsa la creación de comunidades que necesitan menor consumo de energía,
agua, tierra y otros recursos para existir.
En esta ciudad, que tendrá casi 6 kilómetros cuadrados, y paredes para
protegerla de los vientos calientes del desierto y los ruidos del aeropuerto,
no se utilizarán autos, según el diseño de Foster+Parters, una empresa de
Londres que es el principal proveedor de diseños arquitectónicos para el ahorro
de energía.
La ciudad, algo más pequeña que el área histórica de Venecia, tendrá calles
peatonales angostas similares a las de la ciudad italiana, pero cubiertas por
techos fabricados con paneles fotovoltaicos. El lugar producirá toda su energía
a partir del sol.
El agua será suministrada por una planta desalinizante de agua de mar que
funcionará con energía solar. Las frutas y las verduras se cultivarán en
invernaderos cercanos, mientras que se reciclarán todos los desechos, según
explicó Khaled Awad, administrador del proyecto.

Primera etapa
La primera etapa del proyecto, que estará lista en los próximos dos años,
incluye la construcción del Instituto de Masdar, un centro de investigación
universitario asociado al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Quienes quieran conocer esta iniciativa verde pueden realizar un recorrido
virtual de la ciudad en www.masdaruae.com
. Intentos previos de construir este tipo de ciudades verdes tuvieron
distintos resultados. Arcosanti, la ciudad ecológica en el desierto de Arizona,
se construyó hace tres décadas. Aunque aún es un proyecto en desarrollo, la
expansión suburbana de Phoenix la está invadiendo.
China, con ayuda de socios estadounidenses, comenzó a construir comunidades
rurales y ciudades diseñadas para reducir el impacto ambiental, pero estudios
recientes revelaron muchos problemas.
Aun así, quienes defienden el medio ambiente están muy entusiasmados con la
ciudad de Masdar, que es parte de una inversión pública de 15.000 millones de
dólares en nuevas tecnologías para producir energía.
Durante una conferencia internacional de energía que se realizó el mes pasado
en esa ciudad, Jean-Paul Jeanrenaud, director de la iniciativa One Planet
Living,del grupo ambientalista WWF International (conocido en los Estados
Unidos como el Fondo Internacional Vida Silvestre), dijo que la supervisión
independiente ayudaría a lograr que el proyecto sobreviva más allá de la
inversión.
La fuente
En árabe, el nombre elegido para bautizar a la nueva ciudad significa "la
fuente".
Según el doctor Sultan Al Jaber, director de Masdar Initiative, una empresa
estatal en Abu Shabi que explora, desarrolla y comercializa nuevas energías,
"este nuevo municipio es prueba de la intención de Abu Dhabi de utilizar
su experiencia en la producción de energía y transformarse en la fuente
principal de las soluciones energéticas futuras para el mundo. Es también un
ejemplo importante de su estrategia a largo plazo para asegurar su futuro a
través de inversiones locales".
El emirato de Abu Dhabi, capital de los Emiratos Arabes Unidos, ha liderado el
campo de los hidrocarburos durante casi medio siglo. Uno de los principales
objetivos de la ciudad de Masdar será desarrollar un nuevo sector de la
economía doméstica a partir de la innovación energética y la propiedad privada
para así instalar al emirato como el futuro centro regional y global de
producción de energías alternativas.
"Cuando la demanda global de energía sigue aumentando y el cambio
climático se vuelve realidad,
ha llegado el momento de mirar el futuro y seguir
creciendo", dijo Al Jaber.

El próximo día 20 de abril, en el marco
de la próxima edición de Construmat 2009, la Asociación Nacional de Arquitectura
Sostenible (ANAS), junto con la Asociación Nacional para la Vivienda del Futuro (ANAVIF)
y el Directorio Nacional de Empresas para la Arquitectura Sostenible (DINAS)
presentará Green Box, la primera Vivienda-Jardín modular sostenible,
prefabricada, reutilizable, transportable, con ciclo de vida infinito,
bioclimática, con un consumo energético cero, y que no genera residuos.
La vivienda ha sido diseñada por el
arquitecto Luis de Garrido (recientemente elegido como “Arquitecto del año
2008″ por la Internacional Steel Building Association ISBA, y el Americam
Institute of Architects AIA).
“La vivienda Green Box podría ser un
referente internacional de la Arquitectura Sostenible, ya que cumple de forma
exhaustiva con todos los indicadores de arquitectura sostenible que he
establecido, siendo además el edifico que más se aproxima a mi modelo
conceptual arquitectónico de Naturalezas Artificiales”, afirma Luis de Garrido.
Green-Box, buscando el máximo nivel de sostenibilidad.
Además de su carácter
totalmente ecológico, la vivienda es muy económica: su construcción cuesta la
mitad de una vivienda convencional (unos 550 euros/m2), por lo que puede
convertirse en un modelo constructivo para el nuevo sistema social y económico.
La vivienda tiene un consumo
energético cero de energías convencionales, y se autorregula térmicamente
debido a su diseño bioclimático, y a su óptimo aprovechamiento de energía
geotérmica y solar. Del mismo modo, el diseño y construcción de la vivienda se
ha realizado con la finalidad de reducir al máximo su consumo energético, tanto
en su proceso de construcción, como en su proceso de desmontaje.
Todos los componentes de la
vivienda han sido diseñados de forma modular para ser ensamblados en seco. De
este modo, y al igual que ocurre en su construcción, en su desmontaje no se
generará ningún residuo, y todas sus piezas se podrán reutilizar de nuevo.
De este modo, reparando o
sustituyendo cada una de las piezas, la vivienda tiene un ciclo de vida infinito.
Es decir, su vida útil es infinita.
La estructura portante de
las viviendas se ha realizado a base de paneles prefabricados de hormigón
armado, paneles sándwich de madera-cemento, y paneles metálicos. Todo ello con
la finalidad de representar, en un mismo edificio, los tres sistemas más
adecuados de construcción modular prefabricada (metal, madera, hormigón).
No obstante, y a pesar de
todas las características descritas, sin duda, el elemento más importante y
singular de GREEN BOX es la cubierta ajardinada inclinada y el jardín vertical.
Ambos jardines han sido
compuestos a base de especies vegetales autóctonas del mediterráneo, lo que
asegura que apenas necesiten agua (solo de lluvia), y su belleza permanente,
todos los días del año. Por supuesto no necesitan mantenimiento.

La cubierta-jardín inclinada
le permite a la vivienda integrarse en cualquier entorno, ya que se establece
como prolongación del suelo circundante. En cambio, el jardín vertical se
yergue con orgullo, convirtiéndose en el estandarte identificador de la
vivienda. Este mismo jardín vertical se encuentra en el patio interior de la
vivienda.
 
GREEN-BOX tiene el máximo nivel de
sostenibilidad
El prototipo cumple
perfectamente con los 5 pilares básicos en los que se asienta el concepto de Arquitectura
Sostenible:
- Optimización de
recursos y materiales
- Disminución de
residuos y emisiones al medio ambiente
- Disminución del
consumo energético y uso de energía renovable
- Mejora de la calidad
de vida y la salud humanas
- Reducción del precio
de construcción y mantenimiento del edificio
1. Optimización de recursos y materiales
Utilización de materiales
recuperados, reutilizados y reciclados.
Todos los materiales
incluidos en GREEN-BOX son reutilizados y reciclados. Del mismo modo, todos los
materiales son recuperables, reutilizables y reciclables. Sin excepción alguna.
Reutilización
Todos los componentes del
prototipo se pueden utilizar una y otra vez, por lo que su ciclo de vida es
infinito.
Nula toxicidad
Los materiales utilizados no
tienen ningún tipo de emisión, ni de sustancia dañina para el medio ambiente.
Elevada durabilidad
El prototipo tiene una
durabilidad infinita, ya que es fácilmente reparable.
2. Disminución de residuos y emisiones
En la fabricación de los
materiales
En la obtención de los
materiales componentes de la GREEN-BOX no se ha generado ningún tipo de
residuo, ni de emisiones.
En la construcción del
prototipo
No se van a generar residuos
de ningún tipo en el montaje del prototipo. Las piezas se van a colocar
simplemente por presión, gravedad o empresillamiento, por lo que todos los
componentes pueden recuperarse, y reutilizarse de nuevo..
En la vida útil del edificio
No hay ningún residuo, ni
ninguna emisión durante la vida útil del prototipo.
En el desmantelamiento
El prototipo ha sido
diseñado de tal modo que no se genere ningún residuo en su desmantelamiento.
Todos los materiales quedarán intactos y listos para volver a utilizarse tantas
veces como sea necesario.
3. Disminución del consumo energético y uso de
energía renovable
Obtención de materiales
Todos los materiales han
sido elegidos por su bajo consumo energético. Además, como todos los materiales
son prefabricados, se ha disminuido al máximo el consumo energético necesario.
Construcción
Se va a utilizar una energía
mínima ya que se ha empleado un sistema modular de construcción. Por este
motivo, tan solo un equipo de 5 personas será necesario para el montaje.
Desmantelamiento
El desmantelamiento es muy
sencillo y consume muy poca energía, ya que solo hay que quitar las piezas una
a una en orden inverso a como se han colocado en el montaje.
Transporte del material y
mano de obra
Los materiales y la mano de
obra serán de Barcelona. No existe la necesidad de mano de obra especializada.
Vida útil
La vida útil del prototipo
conseguido puede decirse que es infinita, ya que si alguna pieza se rompe,
simplemente se repara o se sustituye por una alternativa.
4. Mejora de la calidad de vida y la salud
humanas
No existen emisiones tóxicas
para el hombre, los animales y el medio ambiente en ninguna etapa de la
fabricación de cada una de las piezas del prototipo, ni durante su vida útil
(si se construyera para permanecer), ni en su desmantelamiento.
5. Reducción del precio de construcción y
mantenimiento del edificio
Los costes de mantenimiento
del prototipo son muy bajos. El único mantenimiento a corto plazo es la
limpieza. En cuanto al personal de mantenimiento del prototipo no ha sido
necesario
Para ampliar información sobre el
trabajo del arquitecto, Green Box incluirá en su interior “Naturalezas
Artificiales VI”, una Exposición Multimedia de Proyectos de Arquitectura
Sostenible y Vivienda Social Sostenible, de Luis de Garrido.
Exposición multimedia “Naturalezas Artificiales
VI”
La vivienda alberga en su
interior una exposición de Proyectos de arquitectura sostenible y vivienda
social sostenible, con una extensión total de 200 m2. En esta exposición, y por medio de 10
proyectores de video y efectos multimedia, se muestran las bases conceptuales
de la arquitectura sostenible, y nuevas propuestas de vivienda social
sostenible de muy bajo precio, y de alto valor añadido.
Se trata de una selección de
70 proyectos arquitectónicos realizadas por el arquitecto Luis de Garrido en
los últimos ocho años: viviendas unifamiliares, bloques de vivienda, vivienda
social, urbanizaciones, actuaciones de reciclaje urbano, edificios de oficinas,
edificios singulares, hoteles, rascacielos, puentes, …
La exposición es multimedia:
10 proyectores muestran de forma continuada los diferentes proyectos sobre paneles
de metacrilato semi-transparente. De este modo el espectador se puede centrar
en un solo proyector, o tener una idea completa del conjunto. Además, al ser
semitransparentes las pantallas, los proyectos se ven por los dos lados. Ello
permite al visitante aprovechar al máximo su corta visita, y ver al salir, lo
que no le dio tiempo de ver al entrar.
En cada una de las pantallas
se proyecta continuamente un video sin-fin, mostrando un conjunto de imágenes
interactivas, fotografías, infografías, videos, planos, bocetos, e información
general de cada uno de los 70 proyectos examinados. Cada una de las imágenes
estáticas se muestran durante dos segundos, y las imágenes dinámicas (videos)
tienen una duración de unos 20 segundos. En cada pantalla existen dos
altavoces, por los que se informa a los visitantes cercanos sobre las
características de los proyectos expuestos en la misma.
Cada uno de los vídeos tiene
una duración total de unos 10 minutos. Por ello, a lo largo del día, cada video
se proyecta unas 50 veces. De este modo, cada visitante puede tener una
percepción diferente de la misma exposición.
Hay que tener en cuenta que
cada uno de los videos muestra un conjunto diferente de proyectos, y tiene una
duración distinta, por lo que cada pantalla tiene un ritmo de repetición
diferente. De este modo, nunca se repite la combinación de imágenes mostradas,
y si una misma persona visitara varias veces la exposición, nunca vería lo
mismo.
Cada proyector muestra un
determinado tipo de proyectos de arquitectura sostenible, por lo que, cada
visitante puede elegir el que mas le interese.
Proyector 1: Viviendas
unifamiliares de coste bajo
Proyector 2: Viviendas
unifamiliares de coste medio
Proyector 3: Viviendas
unifamiliares de coste alto
Proyector 4: Viviendas
experimentales
Proyector 5: Viviendas
colectivas y urbanizaciones
Proyector 6: Viviendas
sociales
Proyector 7: Proyecto GAIA
Proyector 8: Edificios
singulares
Proyector 9: Eco-urbanismo,
y grandes actuaciones
Proyector 10: Rascacielos
La exposición incluye
proyectos tan emblemáticos como: R4House, Vitrohouse, Green-Box, Rascacielos
Pontmare, Rascacielos La Llum, Ecopolis 3000, Casa Mariposa, Sayab, Tecnópolis,
Faro Berimbau, Complejo Mondragón, Lliri Blau, etc… Para saber más Naturalezas Artificiales Documentos PDF
Desde luego, no todo estaba inventado y queda todavía mucho por crear e inventar.
Mientras tanto, Mission One es la última locura nacida en el enésimo garaje de la aclamada
Silicon Valley y es idea de un grupo formado por estudiantes del MIT, antiguos
empleados de Intel y apasionados del motor: es la moto eléctrica más rápida del
mundo.

Alcanza los 240 kilómetros por hora. Cuenta con la friolera de 140
caballos, montados sobre un ligero chasis de aluminio. El máximo rendimiento del motor se
logra prácticamente en seguida, sin esperar a las tradicionales revoluciones de
los motores de combustión, con lo que en aceleración este vehículo no tiene
rivales y tampoco marchas: no hace falta.
Mission
Motors es una compañía de San Francisco, con ingenieros provenientes de
Tesla, Ducati e Intel. Están sacando la Mission One. Esta moto,
puramente eléctrica, es la primera moto que no hace compromisos,
ofreciendo el rendimiento y las prestaciones que un aficionado a las motos puede
estar buscando.
El diseño, obra de Yves Behar, es
rompedor.
Lo que más llama la atención es la ausencia del tubo de escape.
Porque esta obra de ingeniería deportiva no contamina. Cero absoluto. Su
alimentación consiste en unas baterías de litio de última generación, cuyo
tamaño no supera el de una pelota de fútbol, y que para recargarse tardan lo
mismo que un ordenador portátil: un par de horas. Con la ventaja de que llenar
el depósito sale por un euro y medio.
Su autonomía es de 240 kilómetros, lo que permite casi ir - mejor dicho, correr-
de Barcelona a Castellón sin repostar (perdón, sin enchufar). Los primeros modelos
se esperan en el 2010. Los 150 Cv de potencia y el hecho de que al ser eléctrica tenga una fuerza de
torsión máxima en cualquier instante (incluso parada) hacen esta una moto única
(de momento).
Y ahora lo que te
imaginabas: el precio supera los 50.000,00.-€ y de momento sólo estará disponible, de
forma muy limitada, en EEUU. Es un primer avance, cada vez se logran más
vehículos que ofrecen algo emocionante, y que la emoción no solo sea la factura
del combustible (o la factura eléctrica en este caso), sino que sea lograr el CERO CONTAMINANTE...
Mission Motors: changing the world...
Graciela Delvene,
paleontóloga del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), y Rafael
Araujo, biólogo del CSIC, han realizado un estudio conjunto sobre las náyades
del Cretácico inferior en España. La
revisión de estos grandes bivalvos de río y estuarios, que en la actualidad
presentan una tasa de extinción mayor que la de todos los vertebrados juntos,
ha dado lugar a la identificación de una nueva especie (Protoanodonta conchae)
de hace 130 millones de años en la Cuenca Vasco-Cantábrica (Cantabria).
El ejemplar de
Protoanodonta conchae, de más de 12 cm de longitud, fue encontrado en Vega de
Pas (Cantabria). Delvene explica que “los sedimentos continentales del
Cretácico Inferior de España ofrecen una gran cantidad de fósiles de estos
grandes moluscos y, algunos de ellos, tienen gran interés ya que pertenecen al
género Margaritifera, género que ha llegado hasta la actualidad y en el que se
incluyen algunas especies en peligro de extinción como la Margaritifera auricularia”.
En la mitología griega
las náyades eran ninfas que residían en los ríos y en las fuentes. Araujo
señala que “una náyade del tamaño de una Margaritifera (entre 14 y 17
centímetros) filtra hasta 50 metros diarios de agua. Y si tenemos en cuenta que
estas especies han vivido en colonias de hasta 700 ejemplares por metro
cuadrado, en un tramo de río de esta extensión filtrarían unos 35.000 litros de
agua al día”
Hoy en día, estas
“ninfas” son uno de los grupos de animales más amenazados del planeta.
Actualmente, en España sólo quedan 10 especies de náyades y su peligro de
extinción es alarmante. Seguramente, en las aguas dulces del Cretácico las
náyades formaban grandes poblaciones. El yacimiento de Cantabria muestra
ejemplares adultos y jóvenes de Protoanodonta
conchae, que junto con otros moluscos de agua dulce, como los
gasterópodos del género Viviparus, son indicadores de un ecosistema de agua
dulce.

Monsanto controla el 90 por ciento de la producción
transgénica mundial
y ahora, comer un transgénico es comerse un pesticida.

La televisión europea estrenó el documental “El Mundo según
Monsanto”, de la periodista francesa Marie-Monique Robin, que revela varios
aspectos de la polémica corporación semillera, duramente cuestionada en todos
los puntos del globo.
Video El Mundo según Monsanto (subtitulos en castellano)
La directora francesa ubica buena parte de su película -y un
libro homónimo a publicarse en estos días- en la sede de Monsanto en la ciudad
estadounidense de Saint Louis, en el estado de Missouri, donde entre otras
cosas se fabricó el tristemente célebre “Agente Naranja”, que se utilizó como
herbicida en la guerra de Vietnam.
La investigación, que insumió tres años de trabajo, advierte
sobre el arrollador crecimiento de los cultivos transgénicos a nivel mundial,
que en 2007 cubrían 100 millones de hectáreas, de las cuales 90 por ciento
están plantadas con productos de Monsanto.
Marie-Monique Robin, periodista y documentalista francesa,
decidió hace un tiempo adentrarse en los entresijos de Monsanto, empresa
estadounidense que controla la producción del 90% de transgénicos. Después de
estos tres años de investigación, ahora revela sus inquietantes conclusiones en
el libro El mundo según Monsanto (Península).
Entre otras cosas, la periodista visitó el Museo de los
Horrores de la Dioxina, ubicado en la ciudad vietnamita de Ho Chi Minh –antes
llamada Saigón– donde se aprecian los impactos de ese producto sobre la
población.
El trabajo de realización también llevó a la investigadora,
hija de pequeños agricultores, a destinos como la India, Paraguay, Brasil,
Noruega, Italia y México.
En una de las entrevistas incluidas en el documental, James
Maryanski, ex coordinador de biotecnologías de la Administración de Alimentos y
Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, reconoce que la
autorización para comercializar transgénicos en 1992 tuvo un carácter
“político”, ya que “todavía se estaba en plena discusión” en materia de
impactos ecológicas y sanitarios.
En ese sentido, “El Mundo según Monsanto” revela oscuros y
desconocidos vínculos de la multinacional con el gobierno del demócrata Bill
Clinton (que ejerció ese cargo entre 1993 y 2001) y con el gabinete del ex
primer ministro británico Tony Blair.
Marie-Monique Robin asegura que la “influencia” de Monsanto
en las altas esferas de poder se remonta a épocas de la Segunda Guerra Mundial;
y hace hincapié en que el ex secretario de Defensa de la administración de
George W. Bush, Donald Rumsfeld, trabajó como director de la División
farmacéutica de la empresa, según revela la investigación.
En una nota sobre estas denuncias que publica el medio
brasileño Carta Capital, se consigna que las autoridades de Monsanto se negaron
a realizar algún comentario sobre las revelaciones incluidas en este trabajo. A
la propia directora de la película le fue imposible obtener declaraciones de
voces de la empresa.
Por otra parte, uno de los capítulos del libro se titula
“Paraguay, Brasil, Argentina: la República unida de la soja”. La periodista
francesa ya había incursionado por esta región sudamericana y sus peculiares
estrategias de integración. En 2004 realizó un documental sobre el Plan Cóndor,
titulado “Escuadrones de la Muerte: La Escuela Francesa”, que incluyó
testimonios, captados con cámaras ocultas, de torturadores.
La Entrevista
¿Qué esconde el que usted llama "mundo de
Monsanto"?
Muchas trampas y mentiras. Ocultó datos, los manipuló y
mintió. Antes, Monsanto fabricaba productos químicos muy tóxicos que, tras
contaminar el mundo entero durante décadas, están prohibidos. Y ahora con su
intención de controlarla cadena alimentaría está transformando el mundo.
¿Por qué investigarles?
Me interesa la agricultura, el medio ambiente y los derechos
humanos. Y de eso se trata. Si una empresa controla el primer eslabón de la
alimentación, controla los pueblos.
¿Qué peligrosidad real tienen los transgénicos?
Comer un maíz transgénico es comerse un pesticida que no ha
sido evaluado como debería. En todos los estudios con ratas se han observado
problemas: en los machos alteraciones en el hígado y el aparato sexual y en las
hembras, diabetes y trastorno en el peso. De hecho, pueden comportar una
intoxicación crónica.
España y Rumania son los únicos países de Europa en que se
cultivan transgénicos.
En España hay 80.000 hectáreas de un maíz transgénico, el
BT, prohibido en Francia por posible toxicidad. El BT es una bacteria que tiene
una función insecticida. Monsanto aisló el gen que codifica para esta proteína
insecticida y lo introduce en el maíz. No se sabe hasta donde llega este gen.
También hay plantas manipuladas genéticamente para absorber
el herbicida Random. ¿Qué riesgo suponen?
El Random está en todas partes. Las zanahorias que comes
tienen residuos de este herbicida muy tóxico: es un perturbador endocrino y
ataca el sistema reproductor.
Bien utilizados y regulados, ¿pueden los transgénicos
aportar algún beneficio?
Es casi imposible, llevan 30 años intentándolo. Se creía que
aislando un gen se aislaba su función, y no es así. En lugar de hacerlo,
conlleva problemas.
Hay algo que no consigo entender: si tanto daño hace
Monsanto, ¿porqué ningún organismo hace nada?
Es la cuestión más difícil de responder. En el mundo mandan
las multinacionales. Y ésta tiene una gran capacidad para imponer a su gente en
los organismos claves, como la OMS.
Buscando en la Red, se encuentran estas informaciones sobre
la multinacional estadounidense Monsanto:
Monsanto es una empresa que provee de productos para la
agricultura. Es conocida por producir el herbicida más vendido en el mundo
vendido bajo la marca Roundup. También es la productora líder de semillas
genéticamente modificadas (los transgénicos).
Monsanto fue fundada en St. Louis, Missouri, Estados Unidos
en 1901. Su fundador, John Francis Queeny, un químico veterano de la industria
farmacéutica, fundó la compañía con capital propio. Dio a la compañía el nombre
de soltera de su esposa Olga Méndez Monsanto.
Su sede social está ubicada en St Louis, Missouri, Estados
Unidos, está clasificada como industria de la agricultura, en 2006 sus ingresos
ascendieron a un importe de 7.344 millones de US dólares con unos beneficios
netos de 689 millones de US dólares, empleaba 16.500 personas en mayo del 2006.
A lo largo de su historia, Monsanto ha ido evolucionando en
sus negocios. En sus inicios, en 1901 distribuían sacarina, para 1938 tenían
negocios químicos como plásticos y resinas, en 1976 incursionaron en el negocio
de los herbicidas y en 1981 se sumaron a la carrera biotecnológica. En el año
2000 contribuyó a descifrar el código genético del arroz, y anunció que la
información obtenida en la investigación sería compartida con la comunidad
científica mundial.
Existen debates sobre los transgénicos, algunos basados en
mitos y leyendas urbanas y otros con fundamentos científicos, el tema es muy
amplio y abierto a la discusión de ambas partes, sin embargo, es una realidad
que la humanidad ha consumido alimentos genéticamente modificados desde hace al
menos 10 años. Otro de los grandes temas es el de la patente de semillas
transgénicas y la propiedad intelectual.
En sus primeros años, Monsanto distribuyó sacarina. También
proveyó de endulzantes a Coca-Cola, haciéndose uno de sus principales
proveedores.
En la década de 1920, la Monsanto expandió sus negocios para
la química industrial, como por ejemplo ácido sulfúrico. En la década de 1940,
ya era líder en la fabricación de plásticos, incluyendo poliestireno y fibras
sintéticas.
En 1938 Monsanto adquirió a Fiberloid Corp y el 50% de
Shawinigan Resins, empresas que fabricaban plásticos y resinas .
Desde entonces, se consolidó cómo una de las 10 mayores
compañías químicas norteamericanas. Durante algún tiempo, tuvieron negocios
relacionados con Searle, quien fabricaba aspartame (NutraSweet) pero en el 2000
Monsanto vendió ese negocio. También tuvieron un negocio enfocado a la
somatotropina bovina, mismo que fue vendido en 2008.
Monsanto sintetizó la hormona somatotropina bovina. Existen
diversos puntos de vista respecto a este producto, ahora propiedad de Eli
Lilly.
La controversia
Monsanto ha sido y sigue siendo una de las empresas que ha
creado más controversia a nivel mundial debido al peligro potencial o real de
sus productos sobre la salud humana, animales, plantas y sobre el medio
ambiente en general.
En 1935 Monsanto absorbió a la empresa que comercializaba
Policloruro de bifenilo (PCB) desde 1927, Swann Chemical Company (inicialmente
Anniston Ordonance Company). En su época, el PCB fue un producto útil que tenía
gran estabilidad térmica biológica y química, así como una elevada constante
dieléctrica. Por sus características anti-inflamables, la mayoría de los
aceites dieléctricos con PCB's se usaron fundamentalmente en áreas con alto
riesgo de incendio, tales como plantas industriales, en transporte colectivo de
tracción eléctrica (tranvías) y en la industria petroquímica sin embargo, tras
los avances de la ciencia, se prohibió el uso de PCB en 1970, tras descubrir
que se trataba de un agente contaminante para el medio ambiente, según el
programa de las Naciones Unidas.
En la década de los 60's Down Chemical, Uniroyal, Hercules,
Diamond Shamrock, Thompson chemical, TH y Monsanto fueron contratadas por el
gobierno de Estados Unidos para producir un herbicida llamado agente naranja
utilizado en la guerra de Vietnam con el fin de destruir la vegetación y
cosechas privando a los Vietnamitas de las cosechas para alimentarse y
vegetación donde esconderse. El agente naranja fue un potente químico que causó
entre la población Vietnamita unos 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos
de niños con malformaciones, además de las bajas en el propio ejército
norteamericano.
Debido a que el artículo 38 de la Constitución de los
Estados Unidos prohíbe a los veteranos de guerra demandar al gobierno por
lesiones sufridas en la guerra, muchos afectados han intentado demandar a las
compañías químicas, quienes en un inicio fabricaron el agente naranja como un
herbicida de uso agronómico y no bélico. El gobierno de Estados Unidos ha
tratado de evadir su responsabilidad fincándola en las empresas a quienes ellos
utilizaron para producir este químico.
Monsanto fue productor de la hormona sintética somatotropina
bovina (o rGHB recombinante). Existen estudios científicos que tratan de probar
que la hormona provoca cambios significantes en la biología de las vacas
(mastitis, esterilidad, y un aumento de la hormona del crecimiento y de otras
hormonas en la leche producida) y también existen estudios que tratan de probar
lo contrario, que la hormona es inocua.
Debido a esta divergencia de opiniones, la leche de vacas
tratadas con rGHB está permitida para su comercialización en Estados Unidos,
México, Brasil, Rusia, Corea, Colombia, Egipto, Costa Rica, Emiratos Árabes
Unidos, Israel, Honduras, Kenya, Jamaica, Perú, Namibia, Eslovaquia, Turquía,
Sud-África y Zimbabwe, pero está prohibida en Canadá y la Unión Europea,
quienes afirman que la hormona puede causar daños. Grupos de protección al
consumidor en Estados Unidos pidieron que se pudiera etiquetar la leche de
vacas tratadas, sin embargo el Gobierno de los Estados Unidos denegó la
petición en un inicio y grupos de activistas atribuyeron esto a políticas de
Monsanto, quien habla sobre esto en un comunicado. La negativa del gobierno a
esta iniciativa no permitía al consumidor distinguir entre una u otra leche.
Después de crecientes peticiones por grupos activistas de protección al
consumidor se permitió el etiquetaje de la leche de vacas no tratadas, con la
condición de añadir en la etiqueta la información obtenida por los científicos
de la Food and Drug Administration (FDA) quienes llegaron a la conclusión de
que "la leche de vacas no tratadas con la rGHB no muestra diferencias
significativas con la leche de vacas tratadas."
En el año 2007 Monsanto fue multado por anunciar que su
herbicida Roundup era biodegradable y no tóxico para los animales domésticos y
los niños, y la Unión Europea ha clasificado al herbicida de Monsanto como no
biodegradable, aunque por otro lado, Estados Unidos a través de la directiva
1999/45/EC lo clasifica como "no peligroso". No obstante, Monsanto
tuvo que retirar la palabra Biodegradable de su producto y cambiar su
publicidad, para poder continuar comercializándolo.
Enlaces de interes:
MERCADOS ALIMENTARIOS, ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA III
Monsanto en Latinoamérica
Monsanto: Cosecha de miedo
Un día sin coches no basta, y sólo sirve para recordar las
consecuencias del uso masivo del automóvil privado.
El automóvil devora la
ciudad. La guerra de Irak, el accidente del Prestige y la ola de calor del
verano de 2003, son muestras de lo que significa un modelo energético basado en
el petróleo, y el transporte es el sector más dependiente.
"Peor que estar enfermo es tener un mal médico",
escribía Quevedo, y el médico que trata las enfermedades del transporte, el
ministro Álvarez Cascos, no podía ser más peligroso. La política de
infraestructuras del gobierno del PP va encaminado a facilitar aún más el uso
insostenible del automóvil privado, con miles de kilómetros más de autovías y
autopistas, que es como querer tratar la adicción con una sobredosis, aplicando
la eutanasia al ferrocarril tradicional con una mortal inyección de nuevas
líneas de AVE, hasta alcanzar los 7.131 kilómetros.
El precio de la sobredosis de infraestructuras de transporte
es el enorme coste de miles de millones de euros, a pagar por todos y a cobrar
por unas pocas empresas, como Dragados y Construcciones, Cubiertas y MZOV,
Fomento de Construcciones, Ferrovial o Agromán.
El retraso histórico de las infraestructuras españolas es
una verdad o una mentira a medias.
¿Frente a quién se define tal retraso? Frente a Estados
Unidos, Alemania y otros países de la Comunidad Europea. ¿Y por qué no frente
al llamado Tercer Mundo o el Este de Europa? Pero, como enseña cualquier manual
de economía, las necesidades son infinitas y los recursos limitados, incluida
la capacidad de sumidero de la atmósfera. Se olvidan de citar a las
multinacionales del automóvil y a las grandes empresas constructoras, pero un
olvido así lo tiene cualquier gobierno tan ocupado en destrozar el medio
ambiente durante la mañana y por la tarde evaluar el impacto ambiental de los
destrozos.
El problema del transporte en España no es la carencia de
autovías, autopistas, vías de circunvalación y aparcamientos subterráneos, sino
las causas que inducen a multiplicar las necesidades de desplazamientos, cada
vez más frecuentes y distantes, el incremento de la accesibilidad del vehículo
privado y la orientación de la demanda hacia los modos menos eficientes
energéticamente, como la carretera y el transporte aéreo.
España dispone de 8.000 km de vías de gran capacidad, y para
el año 2010 se llegará a 13.000 km. La solución no es aumentar la movilidad y
el empleo del automóvil privado, para ir a comprar al hipermercado arruinando
al pequeño comercio de barrio o desplazarse a un puesto de trabajo localizado a
30 kilómetros del lugar de residencia, dejando el ferrocarril para algún
desplazamiento rápido en el AVE en sustitución del avión a Barcelona, Sevilla o
Valencia. La solución es la reducción de la necesidad de desplazarse, que no su
posibilidad, y el cambio del automóvil por otros modos de transporte, como el
caminar, la bicicleta, los autobuses, el tranvía y el tren.
Transporte y cambio climático
El parque de vehículos en España hoy llega a los 25
millones, de los que 19 millones son turismos, cifra muy superior a la suma de
los automóviles de India y China, países cuya población supera los 2.200
millones de personas, 55 veces más que España. Nuestra motorización es 300
veces mayor que la de India y China. El modelo norteamericano, con 200 millones
de vehículos para 280 millones de personas, no es viable, pues de extenderse al
resto del mundo el parque automovilístico debería ser hoy de 4.500 millones,
ocho veces más que los 580 millones de vehículos que ahora circulan por las
carreteras de todo el mundo. El modelo no es viable, pero todos lo imitan, y lo
imitarán hasta que la crisis ambiental sea irreversible.
En el año 2000, el transporte absorbió en España el 42% del
consumo final de energía y, desde 1995, los consumos han aumentado un 26%, más
que en cualquier otro sector. La carretera representa el 79,5% del consumo del
sector, el transporte aéreo el 13,7%, el transporte marítimo el 4,2% y el
ferrocarril el 2,6%. En términos absolutos el transporte consumió 32,8 millones
equivalentes de petróleo en el año 2000.
En el mundo las emisiones del sector transporte ascendieron
a 1.500 millones de toneladas de dióxido de carbono (el 17% de las emisiones
antropogénicas o causadas por el hombre), 140 millones de toneladas de monóxido
de carbono (60% de las emisiones), 40 millones de óxidos de nitrógeno (42% del
total), 30 millones de hidrocarburos (40%), 9 millones de partículas (13%) y
tres millones y medio de toneladas de óxidos de azufre (3%). La Comisión
Europea y la Asociación de Constructores Europeos han acordado rebajar las
emisiones de dióxido de carbono desde los 170 g/km actuales a 140 g/km en 2008,
pero tal acuerdo es insuficiente, dado que cada año se venden más todoterreno,
auténticos devoradores de gasolina o gasóleo, el parque aumenta, los vehículos
son cada vez mayores y cada año recorren más km. Probablemente la única medida
eficaz para frenar las emisiones sea una profunda reforma fiscal ecológica, que
penalice el consumo de combustibles.
Si las emisiones actuales se multiplicasen por ocho, que es
lo que supondría la extensión del modelo norteamericano y de la Europa rica, la
vida sería imposible y el barril de petróleo no estaría a sólo 25 dólares, a
pesar de la invasión de Irak. Pero nadie tiene el derecho de negar a los
chinos, indios, africanos o a los latinoamericanos, los bienes de consumo
(automóviles o frigoríficos) que tiene la población de los países ricos. La
extensión de tales bienes es imposible, pues su generalización desataría una
crisis de recursos y de sumideros (ambiental) de proporciones inimaginables.
Hoy el transporte absorbe la mitad del petróleo consumido
anualmente. Si los pobres del Sur no pueden y nosotros, los pobres y los ricos
del Norte, sí, ¿con qué derecho podemos pedirles que conserven los bosques
tropicales y la biodiversidad, o los grandes mamíferos como el tigre, el panda,
el gorila, el elefante o el rinoceronte, y que no contribuyan al cambio
climático o a la destrucción de la capa de ozono con sus frigoríficos y
aparatos de aire acondicionado? Incluso con el escenario más realista, que no
el más justo, donde los del Sur siguen siendo pobres excepto una pequeña élite,
y los del Norte ricos excepto una minoría de pobres cada vez mayor, con un
incremento anual del parque de turismos en 10 millones de unidades y de 5
millones el de autobuses y camiones, el número de vehículos llegaría a 1.000
millones en el año 2030.
Ni el aumento de la eficiencia energética, ni los nuevos
combustibles (con la excepción del hidrógeno consumido en pilas de combustible
o la electricidad procedente de células solares fotovoltaicas), ni los nuevos
materiales, impedirán la crisis ambiental. El llamado automóvil ecológico es
una quimera de un hábil marketing sin ninguna base real. El coche que consumirá
tres o cuatro litros por cada 100 km, en vez de los 9 litros de media hoy en la
Comunidad Europea, crea unas falsas expectativas de resolución de los problemas
ambientales, sin reducir drásticamente el uso del automóvil. Como recuerda la
propia Comisión de las Comunidades Europeas, "los usuarios que disponen de
automóvil cubren más de cuatro veces el kilometraje recorrido por los usuarios
que no lo tienen".
Incluso unos hipotéticos automóviles que utilizasen
hidrógeno o electricidad, obtenido a partir de células fotovoltaicas, no
acabarían con los atascos ni la congestión, y seguirían necesitando carreteras
y un lugar donde aparcar. Las reducciones en los consumos energéticos
específicos previstos, de 9 l/100 km a 7,8 l/ km en el año 2010, no tendrán
ninguna repercusión global, debido al aumento del parque automovilístico; en la
Comunidad Europea pasará de 115 millones en 1987 a 167 millones de vehículos en
el año 2010 (de 381 a 503 automóviles por cada 1.000 habitantes).
En España, el transporte emitió a la atmósfera el 30% de las
emisiones de dióxido de carbono, 3 millones de toneladas de monóxido de
carbono, 620.000 toneladas de óxidos de nitrógeno, 600.000 de compuestos
orgánicos volátiles, 61.000 de dióxido de azufre y 31.000 toneladas de
partículas. Un automóvil de tamaño medio matriculado hoy, con todos los
adelantos para reducir la contaminación (catalizadores, gasolina sin plomo), y
con un bajo consumo energético, que haga unos 13.000 kilómetros anuales y que
dure 10 años, emitirá 22,1 toneladas de dióxido de carbono; 4,8 kilogramos de
dióxido de azufre; 46,8 kg de óxidos de nitrógeno; 325 kg de monóxido de
carbono; 36 kg de hidrocarburos; y 26,5 toneladas de residuos. Además hay que
considerar la contaminación de suelos, aire y agua por gasolina o gasóleo,
cadmio, plomo, cobre, cromo, níquel, zinc y PCB. Las deposiciones ácidas de
cada auto causarán la muerte de tres árboles y dañarán seriamente a otros 30.
El coche en cuestión acortará, por término medio, la vida en 820 horas, debido
a accidentes mortales de tráfico; uno de cada 100 conductores morirá en
accidentes de tráfico. Los costes externos debidos a la contaminación, el ruido
y los accidentes, una vez deducidos todos los impuestos que paga el vehículo,
ascienden a 4.100 euros anuales.
El transporte contribuye a las emisiones de gases de
invernadero, acelerando el cambio climático, y a la destrucción de la capa de
ozono, debido a la utilización de clorofluorocarbonos (CFC) en las espumas de
los asientos y en los sistemas de acondicionamiento de aire del parque actual o
sus sustitutos (HCFC, HFC). El automóvil destruye el ozono de la estratosfera,
donde es más necesario, pero aquí abajo, en la troposfera, donde no lo
necesitamos, el automóvil produce grandes cantidades de ozono troposférico al
reaccionar los óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos en presencia de la luz
solar, dañando la salud de las personas, los cultivos, los árboles y las
plantas en general, y contribuye además con un 8% al efecto invernadero. El
transporte es, junto con las centrales termoeléctricas de carbón, la principal
causa de las lluvias ácidas, debido a la emisión de óxidos de nitrógeno y de
dióxido de azufre.
Ocupación del suelo
La producción de un automóvil de 850 kilogramos requiere
cerca de dos toneladas equivalentes de petróleo y numerosas materias primas y
productos industriales, como acero, aluminio, caucho, pinturas, vidrio o
plásticos. La elaboración y transformación de tales productos tiene un enorme
coste ambiental, directo e indirecto. Basta pensar en las grandes
hidroeléctricas destinadas a proporcionar la electricidad necesaria para la
transformación de la bauxita en aluminio, un metal imprescindible para los
automóviles, en las industrias siderúrgicas (la industria automovilística
absorbe el 20% del acero), en los polos petroquímicos que producen los
plásticos o las materias primas para su fabricación, o en las refinerías que
producen la gasolina, el gasóleo y el asfalto para las carreteras.
Desde 1946 hasta 2003 un total de 500 millones de coches se
han convertido en residuos, sólo en Estados Unidos; el reciclaje de todas las
partes del automóvil, especialmente los 9 kilos de plomo de las baterías o los
60 plásticos diferentes que lo componen, no está resuelto, no obstante la
propaganda engañosa de las principales multinacionales del sector. Anualmente
se producen 40 millones de automóviles, que en un periodo que rara vez supera
los diez años, acabarán convertidos en chatarra.
La construcción de un kilómetro llano de autopista de 4
carriles requiere 1.500 kilogramos equivalentes de petróleo en asfalto o
combustible para la maquinaria de obras públicas. Las infraestructuras de
transporte tienen una repercusión irreversible en la ocupación del suelo, en el
paisaje y en la fragmentación de hábitats. El 2% del territorio de Estados
Unidos está ocupado por el automóvil (carreteras, calles, aparcamientos), y en
los 15 países de la Comunidad Europea sólo la red vial ocupa 40.000 kilómetros
cuadrados. En España 7.200 kilómetros cuadrados están ocupados por carreteras,
calles, aparcamientos, estaciones y aeropuertos.
Las pequeñas mejoras propuestas en los estudios de impacto
ambiental en poco o nada ayudan a reducir las consecuencias irreversibles de
esas infranqueables barreras que son las autopistas y autovías, no sólo para la
flora y fauna, sino incluso para las personas o peatones, cuya movilidad queda
reducida. Los estudios de impacto ambiental son un mero trámite burocrático,
sin ninguna trascendencia.
El coche devora la ciudad
México, Santiago, Bogotá, Atenas, Roma, Bangkok, Los
Ángeles, Lagos, Sao Paulo, Nueva Delhi, Calcuta, El Cairo, Londres y Madrid,
son algunas de las ciudades que año tras año sufren la contaminación
atmosférica debido al tráfico de automóviles, autobuses, furgonetas, camiones y
motocicletas. En condiciones normales los contaminantes emitidos por los
vehículos ascienden con los gases calientes mientras encuentren masas de aire
más frías. Sin embargo, las condiciones topográficas y meteorológicas causan
las inversiones térmicas: la temperatura de la capa de aire situada a varios
centenares de metros de altitud es superior a la de la capa de aire en contacto
con el suelo, a la que bloquea, como una tapadera, impidiendo la difusión de
los contaminantes, situación agravada aún más cuando el viento cesa. Entonces
se disparan los índices de inmisión (cantidad de contaminantes por unidad de
aire), lo que al menos sirve para que las autoridades se preocupen durante unos
días, sin ir al meollo del asunto, es decir, atacar la contaminación en sus
raíces, allá donde se emite.
Diariamente nuestros pulmones filtran 15 kilos de aire y si
vivimos en una gran ciudad o próximos a una carretera, ese aire contendrá
contaminantes emitidos por los automóviles, como el monóxido de carbono, los
óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre, partículas, plomo y
dicloro-1,2-etano, hidrocarburos, formaldehído, y contaminantes secundarios
como el ozono y los peroxiacetilnitratos, algunos de ellos cancerígenos, y casi
todos perjudiciales para la salud humana. El monóxido de carbono se combina 210
veces más rápidamente con la hemoglobina de la sangre que el oxígeno, formando
la carboxihemoglobina, que impide la oxigenación de los tejidos.
La contaminación se agrava tanto por situaciones temporales,
como las inversiones térmicas, como por la congestión en las horas punta. En
Estados Unidos 130 millones de personas, casi la mitad de la población, vive en
áreas cuya contaminación supera los niveles recomendados por la EPA (Agencia de
Protección Ambiental). En Madrid, Barcelona y en otras ciudades españolas no
hace falta ser ningún adivino para saber que año tras año en los meses de
noviembre, diciembre y enero la contaminación alcanzará límites insoportables,
sin que el alcalde de turno haga absolutamente nada, excepto dictar algún bando
y mirar al cielo para ver si llueve o desaparece la inversión térmica. Y
durante los veranos se disparará la contaminación por ozono troposférico,
dañando a plantas, animales y personas.
Demasiados decibelios
El ruido causado por el tráfico depende fundamentalmente de
los ruidos de los motores y del contacto de las ruedas con la calzada. Los
camiones, motos y autobuses son los vehículos que más ruido producen. Un camión
provoca un ruido equivalente al de 10 a 15 coches. El ruido empieza a ser molesto
a partir de los 55 decibelios. Del 40 al 80 por ciento de la población de los
países llamados desarrollados (OCDE) vive en zonas con más de 55 decibelios, y
entre el 7 y el 42% de la población (más de 130 millones de personas) vive en
zonas con niveles inaceptables, con ruidos superiores a los 65 decibelios.
España es el segundo país del mundo industrializado, sólo superado por Japón,
en niveles de ruido, y el primero entre los países de la Unión Europea: el 74%
de la población está expuesta a niveles de ruido superiores a 55 decibelios
leídos en curva A (a las que el oído humano es más sensible), y el 23% sufre
niveles de ruido superiores a 65 decibelios. Madrid es una de las ciudades del
mundo más ruidosas. El 0,5% de la población de la OCDE soporta niveles de ruido
superiores a 65 decibelios debido a los aeropuertos. En Madrid la ampliación
del aeropuerto de Barajas, así como el aeropuerto de Torrejón, utilizado hasta
hace poco por aviones de EE UU, han sido motivo de numerosas protestas
ciudadanas, apoyadas por grupos ecologistas.
Las vibraciones son movimientos de baja frecuencia con
consecuencias comparables a las del ruido, y que provocan daños en edificios,
calles e infraestructuras subterráneas. Como resultado del aumento del tráfico
y sus consecuencias de contaminación atmosférica, ruido, embotellamientos y
nuevas infraestructuras viarias, el centro de las ciudades se ha ido
degradando.
En España mueren anualmente más de 6.000 personas causa de
los accidentes de tráfico (4.026 personas en 2002, según las estadísticas
oficiales que sólo contabilizan los muertos en las primeras 24 horas), muchos
de ellos peatones (unos mil al año) o ciclistas (unos 150). La población se ha
acostumbrado, o nos han acostumbrado, a convivir con una muerte estúpida que fácilmente
se podría evitar, hasta el punto de que los muertos tienen que ser muchos para
llamar la atención. Ningún grupo terrorista en el mundo, ni siquiera el ataque
terrorista del 11 de septiembre o las guerras de la posguerra fría, causan
tantas muertes como el automóvil. Cerca de medio millón de personas mueren
anualmente en el mundo a causa del automóvil.
Alternativas al transporte
Una política decidida, clara y bien estructurada, para
reducir la necesidad de desplazarse, que no su posibilidad, y para orientar la
demanda hacia los modos más eficientes de transporte, significaría una sensible
reducción del consumo de energía, de la contaminación atmosférica y del ruido,
menor ocupación de espacio, reducción del tiempo empleado en desplazarse, menor
número de accidentes, inversiones más reducidas en la infraestructura viaria y
una mejora general de la habitabilidad de las ciudades.
Disminuir las necesidades de transporte, tanto en el número
de desplazamientos como en la longitud de éstos, debería ser el norte que
presida la política en el sector, lo que indudablemente no es fácil, dada la
segregación espacial y social de las áreas metropolitanas, la inercia en los
hábitos de vida, y sobre todo los intereses de las multinacionales del
automóvil y de las empresas constructoras de infraestructuras.
Un caso ilustra la dificultad de articular otra política de
transportes, más acorde con los intereses de la mayoría de la población. En
1936 General Motors, Standard Oil, Firestone, Phillips Petroleum y Mack Truck,
entre otras empresas con intereses en la industria automovilística, crearon la
compañía National City Lines en Estados Unidos. En pocos años la National City
Lines compró más de un centenar de líneas de tranvías y trolebuses en 45
ciudades, cerrándolas a continuación. En 1949 la General Motors y las otras
empresas fueron condenadas y multadas con la ridícula cifra de 5.000 dólares
por ?conspirar para reemplazar los sistemas de transporte eléctrico con
autobuses y monopolizar la venta de éstos?. Pero para entonces el daño ya
estaba hecho; en 1947 el 40% de los trabajadores estadounidenses se desplazaban
al trabajo en transporte público, en 1963 sólo el 14%, y hoy el 4,6%. Procesos
parecidos tienen lugar en la actualidad con las líneas de ferrocarril, pero ahora
es el Estado el que determina los cierres. El objetivo es obligar a que sólo se
pueda ir en automóvil, o todo lo más en autobús.
Hoy en la Europa comunitaria un poderoso grupo de presión,
la ?European Round Table of Industrialists? (ERT), entre cuyos miembros están
Fiat, Daimler-Benz, Man, Volvo, Total, Shell, BP y Pirelli, juega un papel
parecido, aunque esta vez el objetivo es llenar Europa, aún más, de autopistas,
autovías, túneles y algunas líneas de trenes de alta velocidad.
Las flores del campo
Como sentenció Henry Ford, "resolveremos los problemas
de la ciudad abandonando la ciudad... para vivir entre flores lejos de las
calles abarrotadas de gente". Henry Ford logró vender sus automóviles y
mandó a sus paisanos a vivir entre flores, pero no les explicó que todos los
días iban a pasarse varias horas entre atascos o trabajando para pagar el
coche, la gasolina, los seguros o los impuestos con los que financiar las
infraestructuras que llevasen al ciudadano de las flores del chalet adosado a
la oficina. El cantar de los pájaros y el olor de las flores a duras penas
sirvió para compensar de la contaminación, el ruido, el stress del tráfico, los
riesgos de la circulación o las miles de horas pasadas en el coche o trabajando
para pagarlo.
Una política alternativa debería hacer lo contrario de lo
que quería Henry Ford: recuperar la ciudad densa y compacta, favorecer la
proximidad entre el lugar de residencia y el trabajo, no permitir abrir ni un
sólo hipermercado más, revitalizar el pequeño comercio de barrio próximo a
nuestras viviendas y generador de miles de empleos, frenar la terciarización
del centro de las ciudades, mezclar las actividades en lugar de segregarlas en
el espacio y poner coto a la tiranía del automóvil, recuperando calles, bulevares
y plazas para caminantes, ciclistas y niños.
La zonificación hoy carece de sentido, pues la mayoría de
las industrias y servicios apenas presentan problemas ambientales. Una ciudad
compacta con alta densidad, con viviendas, oficinas, comercios, guarderías,
escuelas, hospitales y zonas verdes mezcladas, y drásticas restricciones del
empleo del automóvil, es la mejor y única alternativa a los problemas actuales.
Las medidas encaminadas a pacificar el tráfico y a promover el coche
compartido, junto con una mayor fiscalidad ecológica sobre el automóvil, el uso
de las infraestructuras viarias y el consumo de combustibles, deben formar
parte de una nueva política encaminada a reducir el uso del automóvil.
¿Utopía? La utopía es la generalización del automóvil con
todas sus consecuencias ambientales, sociales y económicas, y el modelo
estadounidense de ciudad dispersa, con gran consumo de espacio y recursos.
El problema de la accesibilidad
El incremento de la accesibilidad del vehículo privado al
centro de las ciudades, es una de las causas de la segregación espacial, y más
que dar respuestas a una demanda existente con anterioridad, la crean,
permitiendo que las viviendas estén cada vez más alejadas del lugar de trabajo,
de los centros comerciales, de enseñanza y de los servicios en general. Una
política distinta al callejón sin salida de la práctica actual debería aumentar
sólo en lo imprescindible la oferta de nuevos medios de transporte, y dentro de
éstos, beneficiar a los menos dañinos. Bajo este punto de vista la prioridad,
en orden decreciente, sería la siguiente: el peatón, la bicicleta, el
transporte público urbano menos contaminante (tranvía, trolebús), el
ferrocarril, el autobús, y en último lugar el automóvil privado y el camión
para el transporte de mercancías. Lo contrario de lo que ahora se hace.
El establecimiento de amplias áreas peatonales, sin
aparcamientos subterráneos en sus proximidades (excepto para los residentes),
los carriles-bicicleta, un diseño urbano que favorezca a los no motorizados (peatones
y ciclistas) y la mejora de la accesibilidad a los puntos de toma del
transporte público, deben ir acompañadas de estrategias encaminadas a evitar
las horas punta, causa principal del sobredimensionamiento de la
infraestructura viaria, y su consecuente subutilización en horas valle,
estableciendo la jornada continua (menos desplazamientos) y escalonando las
horas de entrada y salida de centros laborales, escolares y comerciales, así
como las vacaciones.
Una economía ecológica, más local y menos orientada hacia
mercados internacionales, reduce el flujo de mercancías y el absurdo de bienes
producidos en un lugar para ser vendidos en otro país, mientras se importa un
producto idéntico de un tercer país, únicamente porque los salarios son
inferiores y los bajos costes de transporte no encarecen el producto.
Tarifas políticas
El transporte por carretera no paga su coste real, y lo
mismo sucede con el transporte aéreo. El Estado, los gobiernos regionales y los
municipios han hecho inversiones públicas para construir carreteras, autovías,
vías de circunvalación y calles al servicio del automóvil. Por otro lado ni los
fabricantes de vehículos ni los usuarios pagan directamente las
"externalidades" que todos sufrimos, como la contaminación, el ruido,
los accidentes de tráfico, las lluvias ácidas, el cambio climático o los
residuos generados por los coches al final de su vida útil.
Tales factores deben ser tomados en consideración cuando se
habla del déficit de los ferrocarriles, metro y transporte público en general.
El llamado déficit del transporte público no se puede subsanar a través del
aumento de las tarifas, que lo único que conseguirían es aumentar el número de
motorizados, pues tal déficit queda ampliamente compensado por otras ventajas,
como el ahorro energético, de ruido, de contaminación, de infraestructuras y de
congestión.
En el caso de las grandes ciudades, en vez de construir
nuevas y carísimas líneas de metro, se deberían construir líneas de tranvías,
más eficientes, al no requerir servicios auxiliares (escaleras mecánicas,
iluminación de túneles), más baratos (la infraestructura cuesta menos de la
mitad que la del metro) y agradables y cómodos.
El tranvía no contamina y es sin lugar a dudas el transporte
público ideal, como han comprendido los gobiernos municipales de numerosas
ciudades de todo el mundo. Hoy más de 350 ciudades cuentan con modernos
sistemas de tranvías. A sus ventajas se une la de quitarle un poco de espacio
al automóvil, que fue la única razón para su desaparición en los años en que el
automóvil era visto como la quintaesencia de la libertad y de la movilidad. El
tranvía es el medio más indicado para densidades medias comprendidas entre las
2.500 y las 8.000 plazas/hora en cada sentido, mientras que el autobús sólo es
apropiado para densidades bajas (inferiores a 2.500 plazas/hora) y el metro
sólo debería ser construido cuando las densidades superan las 12.000
plazas/hora/sentido. Una adecuada jerarquización de los medios de transporte
público (taxis, microbuses, autobuses, tranvías, trolebuses, tranvía rápido o
pre-metro, metro, ferrocarril, intercambiadores de transporte), complementada
con los modos no motorizados, como el caminar y la bicicleta, y las nuevas
tecnologías (correo electrónico, Internet, teléfonos móviles, entre otras)
permitiría reducir considerablemente el uso del automóvil.
Ferrocarriles en vía muerta
Los trenes españoles son lentos y caros, debido a una
política de desidia y de abandono por parte de la Administración, gracias a la
cual nuestro ferrocarril es el furgón de cola de Europa. De seguir la política
actual el ferrocarril se extinguirá prácticamente como medio de transporte, con
la única excepción del AVE en las líneas de gran densidad y los servicios de
cercanías en las grandes áreas metropolitanas, como Madrid.
Las causas de la pérdida de competitividad del ferrocarril
tradicional son las altas tarifas y la baja velocidad, debido al perfil y al
trazado de las líneas, y la ausencia de doble vía. Sólo el 66% de la red
convencional está en línea recta, mientras que más de un 15% del trazado son
curvas con radio menor de 500 metros, a la vez que casi el 80% está en rampa.
Tan sólo el 16% de la red tiene doble vía, mientras que en Francia es el 44% y
en Alemania el 43%. ¿Se imaginan si la mayor parte de las carreteras tuviesen
un solo carril a utilizar alternativamente para circular en uno u otro sentido?
El ferrocarril es el medio de transporte que menos energía
consume, el más rápido, cómodo, seguro, el que menos contamina y menos espacio
ocupa, características que lo convierten en el transporte ideal para el tráfico
de mercancías y de pasajeros. Una sola y simple vía de ferrocarril puede
transportar tantos viajeros como 26 carriles de autopistas.
Las razones para potenciar el ferrocarril son claras, y sin
embargo el gobierno practica una sistemática política de abandono y cierre de
líneas, destinando los únicos fondos disponibles a actuaciones faraónicas e
innecesarias, pero muy vendibles a un electorado poco informado, como el AVE
Madrid-Sevilla, Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, o las nuevas líneas
contempladas por el gobierno.
Modos no motorizados
Las autoridades olvidan que aún hoy cerca de la mitad de la
población española no tiene ni automóvil ni siquiera permiso de conducir. En
cualquier país del Tercer Mundo la inmensa mayoría de la población carece de
automóvil e incluso en los países más ricos los niños, ancianos, minusválidos y
los pobres ven su movilidad reducida, a causa de la escasez de transporte
público. Las ventajas del caminar o de la bicicleta son tan evidentes que no es
necesario justificarlas, y sin embargo parecería que son las peores
alternativas, pues andar a pie o en bicicleta es una carrera de obstáculos, e
incluso una forma de vivir peligrosamente. Pero para que los modos no
motorizados sean viables hay que atenuar el tráfico privado, ensanchar las
aceras, impedir que los coches aparquen en cualquier lugar, ampliar las áreas
peatonales y no sólo en ciertas áreas comerciales de los centros históricos.
Los ayuntamientos deben crear áreas peatonales en todos los barrios, concebidas
como lugares de encuentro, de juego de los niños y de convivencia.
En caso de conflicto entre el peatón y el automóvil, el
peatón siempre tiene razón, y a este respecto es especialmente criticable el
diseño de las glorietas y ciertas avenidas, donde el peatón ha de dar enormes
rodeos para no entorpecer al automóvil, o el ancho de las aceras, siempre en
función del coche, o los semáforos que obligan a cruzar a la carrera o con
grave riesgo para la vida del no motorizado.
La bicicleta puede y debe entrar a formar parte de nuestra
vida cotidiana, al igual que en otros países; para ello, es necesario crear
vías para bicicletas, aparcamientos, conexiones con las paradas de transporte
público, mejorar las condiciones ambientales y sobre todo la seguridad.
La presente competición implacable entre mercados
energéticos y mercados alimentarios, amplificada por la especulación
internacional en mercancías y tierras agrícolas, no es sino una modesta muestra
del caos que, a no tardar, prosperaría exponencialmente si llegaran a converger
el agotamiento de los recursos, una desatentada desigualdad y el cambio
climático.
1. Adiós al Holoceno
Aunque ningún periódico norteamericano o europeo haya
publicado todavía su obituario científico, lo cierto es que nuestro mundo, el
viejo mundo en el que hemos habitado los últimos 12.000 años, se acabó.
El pasado febrero, mientras las grúas subían la cubierta del
piso 141 de la Torre Burj de Dubai (que pronto alcanzará una altura el doble
que la del Empire State Building), la Comisión de Estratigrafía de la Sociedad
Geológica de Londres registraba la última y más alta capa histórica de la
columna geológica.
La Sociedad Geológica londinense es la más veterana
asociación de científicos de la Tierra –se fundó en 1807— y su Comisión actúa
como un colegio de cardenales en el registro de la escala temporal geológica.
Los estratígrafos rebanan la historia de la tierra tal como está conservada en
estratos sedimentarios, jerarquizándola en eones, eras, períodos y épocas
marcados por "picos áureos" de extinciones masivas, procesos súbitos
de especiación y bruscas alteraciones de la química atmosférica.
En geología, lo mismo que en la biología o en la historia,
la periodización es un arte complejo y controvertido, y fue el feudo de la
batalla más amarga librada en la ciencia británica del siglo XIX, la llamada
"Gran Disputa del Devónico" entre interpretaciones encontradas de los
guijarros grises galeses y la vieja arenisca colorada inglesa. Más recientemente,
los geólogos han disputado enconadamente sobre el modo de perfilar las
oscilaciones de los períodos glaciales en los últimos 2,8 millones de años.
Algunos nunca han aceptado que el último intervalo templado interglacial –el
Holoceno— pudiera distinguirse como una "época" genuina sólo porque
coincide con la historia de la civilización.
De aquí que los estratígrafos contemporáneos hayan fijado
unos criterios extraordinariamente rigurosos a la hora de beatificar
cualesquiera divisiones geológicas nuevas. Aunque la idea del
"Antropoceno" –una época de la Tierra definida por la aparición de la
sociedad urbana industrial como fuerza geológica— ha sido debatida durante
mucho tiempo, los estratígrafos se han negado a reconocer el carácter
concluyente de las pruebas aportadas. Ello es que, al menos en lo que a la
London Society hace, esa posición acaba de ser revisada.
A la cuestión "¿Estamos viviendo ahora en el
Antropoceno?", los 21 miembros de la Comisión contestan unánimemente:
"Sí".
Aportan pruebas muy robustas de que la época del Holoceno
–el trecho interglacial de clima inusualmente estable que ha permitido la
rápida evolución de la agricultura y la civilización urbana— terminó, y de que
la Tierra ha entrado en "un intervalo estratigráfico sin precedentes parecidos
en los últimos millones de años". Además del impacto de los gases de
efecto invernadero, los estratígrafos mencionan la transformación antropogénica
del paisaje –que "ahora rebasa en un orden de magnitud a la producción
natural [anual] de sedimentos"—, la ominosa acidificación de los océanos y
la inexorable destrucción de biota.
Esta nueva era, explican, viene definida tanto por la
tendencia al calentamiento (cuyo análogo más próximo podría ser la catástrofe
conocida como el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno, hace 56 millones de años)
como por la radical inestabilidad esperada en las condiciones medioambientales
futuras. Con prosa sombría, alertan de que "la combinación de extinciones,
migraciones globales de especies y una substitución masiva de la vegetación
natural por monocultivos agrícolas están produciendo una señal
bioestratigráfica distintivamente contemporánea. Esos efectos son permanentes,
porque la evolución futura se dará a partir de las reservas sobrevivientes
(frecuentemente redistribuidas antropogénicamente)". La misma evolución,
dicho en otras o palabras, ha sido forzada a discurrir por una nueva
trayectoria.
2. ¿Descarbonización espontánea?
La coronación del Antropoceno a que ha procedido la Comisión
coincide con una creciente controversia científica a propósito del IV Informe
de Asesoramiento publicado el pasado año por el Panel Intergubernamental sobre
Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).
Se encargó al IPCC sentar las bases científicas de los
esfuerzos internacionales por mitigar el calentamiento global, pero algunos de
los más destacados investigadores en el área han terminado por poner en
cuestión los puntos de referencia de partida como desatentadamente optimistas,
llegando a tacharlos incluso de escenarios fantaseados por un pensamiento
desiderativo.
Los escenarios y puntos de referencia habituales se
adoptaron por el IPCC en 2000, a fin de construir modelos sobre las emisiones
globales futuras y se basaban en distintas "líneas narrativas" sobre
el crecimiento de la población y el desarrollo tecnológico y económico. Algunos
de los escenarios más importantes tomados por el Panel como punto de partida
son bien conocidos por los decisores políticos y por los activistas contra el
efecto invernadero, pero muy pocos , fuera de la comunidad científica, han
leído realmente o comprendido la letra pequeña, particularmente la confianza
del IPCC en que una mayor eficiencia energética vendrá, como un producto
lateral "automático", del desarrollo económico futuro. En realidad,
todos los escenarios, incluidas sus variantes más habituales y descontadas,
asumen que al menos un 60% de la reducción futura de carbono se dará de modo
completamente independiente de las medidas adoptadas para mitigar el efecto
invernadero.
El Panel, en efecto, se ha jugado el rancho –en realidad, el
Planeta— apostando por un progreso dirigido por el mercado hacia una economía
mundial pos-carbono, una transición que, por implicación, requiere la creación
de riqueza partiendo de unos precios energéticos más elevados que nos hagan
desembocar espontáneamente en nuevas tecnologías y en una energía renovable.
(La Agencia Internacional de Energía estimó recientemente que costaría 45
billones de dólares reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto
invernadero en 2050.) Los acuerdos por el estilo del de Kyoto y los mercados de
carbono están pensados –casi como un análogo de las "inversiones de
relanzamiento" keynesianas— para salvar el hiato entre la descarbonización
espontánea de la economía y los objetivos de emisiones requeridos para cada
escenario. Y mira qué casualidad, eso reduce los costes de mitigar el
calentamiento global exactamente al nivel que se considera, al menos
teóricamente, políticamente posible, según se explica en el número de 2006 de
la británica Stern Review on the Economics of Climate Change y en otros
informes de este tipo.
Sin embargo, los críticos sostienen que eso no es sino un
acto de fe que subestima radicalmente los costos económicos, los obstáculos
tecnológicos y los cambios sociales necesarios para dominar el crecimiento de
las emisiones de gases de efecto invernadero. Las emisiones europeas de
carbono, por ejemplo, siguen creciendo todavía (espectacularmente, en algunos
sectores), a pesar de la muy elogiada adopción, por parte de la UE, de un
sistema de cupos de emisión de carbono en 2005. Análogamente, pocos indicios
han podido verse en los últimos años de progreso automático en materia de
eficiencia energética, lo que es el sine qua non de los escenarios contemplados
por el IPCC. Aunque The Economist, cómo no, difiere, lo cierto es que el grueso
de los investigadores cree que, desde 2000, la intensidad energética no ha
dejado de crecer; es decir, que las emisiones globales de dióxido de carbono
han mantenido el ritmo, si no lo han rebasado marginalmente, del uso de la
energía.
La producción de carbón, señaladamente, está experimentando
un espectacular renacimiento: hasta en eso se ve la sombra espectral del siglo
XIX cerniéndose sobre el siglo XXI. Centenares de miles de mineros trabajan
ahora, en condiciones que horrorizarían a Charles Dickens, en la extracción del
sucio mineral que permite a China abrir dos centrales térmicas de carbón por
semana. Y las predicciones actuales apuntan a que el consumo total de
combustibles fósiles crecerá al menos un 55% en la próxima generación, con unas
exportaciones de petróleo que doblarán su volumen actual.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Económico, que ha elaborado un estudio propio sobre los objetivos energéticos
sostenibles, advierte de que se necesitará "una disminución en 2050 del
50% de los niveles de emisión de gases de efecto invernadero a escala global
que se daban en 1990", si se quiere mantener a la humanidad fuera de la
zona roja del calentamiento desbocado (más de dos grados centígrados en este
siglo, según la definición habitual). Sin embargo, la Agencia Internacional de
Energía predice que, con toda probabilidad, esas emisiones subirán en ese
período cerca de un 100%: gases de invernadero bastantes para empujarnos varios
puntos críticos más allá de esa zona.
Aun si los acrecidos precios de la energía están llevando a
la extinción a los vehículos 4x4 y atrayendo más capital riesgo hacia las
energías renovables, también están abriendo la caja de Pandora de la más cruda
producción de crudo en las arenas betuminosas del Canadá y en los yacimientos
de petróleo pesado de Venezuela. Como advirtió un científico británico, lo
último que deberíamos desear (bajo la espuria consigna de la
"independencia energética) son nuevas fronteras de avanzada en la
"capacidad humana para acelerar el calentamiento global" y el retraso
de la urgente transición hacia "ciclos energéticos no carbónicos, o, si
carbónicos, cerrados".
3. El boom del fin del mundo
¿Qué confianza hay que otorgar a la capacidad de los
mercados para reasignar las inversiones de la energía vieja a la nueva, o,
pongamos por caso, del gasto armamentístico a la agricultura sostenible?
Estamos sometidos a una incesante propaganda (sobre todo por
parte de la televisión pública), conforme a la cual megaempresas como Chevron,
Pfizer Inc y Archer Daniels Midland están trabajando sin desmayo para salvar el
planeta reinvirtiendo sus beneficios en líneas de investigación y de
exploración que resultarán en combustibles bajos en carbono, nuevas vacunas y
cosechas más resistentes a las sequías.
Según tan elocuente como espantosamente sugiere la
experiencia del actual boom del etanol extraído del grano –que ha desviado 100
millones de toneladas de grano del consumo humano para derivarlas sobre todo a
los motores de los automóviles norteamericanos—, el "biocombustible"
bien podría ser una eufemismo de subsidios a los ricos y hambre para los
pobres. Análogamente, el "carbón limpio", a pesar de su enfática
aceptación por parte del senador Barack Obama (un campeón, también, del
etanol), no es, hasta el presente, sino un fraude monumental: una campaña de
publicidad y cabildeo, por valor de 40 millones de dólares, a favor de una
hipotética tecnología que BusinessWeek ha reputado estar "a décadas de
distancia de cualquier viabilidad comercial".
Además, hay inquietantes indicios de que las compañías y las
plantas energéticas se están desdiciendo de sus compromisos públicos en favor
del desarrollo de tecnologías apresadoras de carbono y de tecnologías para
energías alternativas. El proyecto de la administración Bush "para la
galería", FutureGen, ha sido abandonado este año luego de que la industria
del carbón se negara a pagar la parte que le correspondía en la "sociedad
emprendedora" público-privada; análogamente, el grueso de las iniciativas
del sector privado estadounidense para capturar carbono han sido canceladas
hace poco. Entretanto, en el Reino Unido, Shell acaba de desligarse del mayor
proyecto mundial de energía eólica, el London Array. A pesar de sus heroicas
campañas publicitarias, las corporaciones energéticas, como las farmacéuticas,
prefieren la sobresquilmación del pasto común, dejando que los impuestos, no
los beneficios, sufraguen toda investigación urgente emprendida ahora con mucho
retraso.
Por otro lado, el botín arrancado a los elevados precios
energéticos sigue fluyendo hacia los bienes raíces, hacia los rascacielos y
hacia los activos financieros. Estemos o no ahora realmente en el Pico de
Hubbert –el momento en que ha de alcanzarse la cumbre de extracción de
petróleo—, termine o no estallando finalmente la burbuja de los precios del
petróleo, a lo que probablemente estamos asistiendo es a la mayor transferencia
de riqueza de la historia moderna.
Un eminente oráculo de Wall Street, el McKinsey Global
Institute, predice que, si los precios del crudo se mantienen por encima de los
100 dólares por barril –acaban de rebasar los 140—, sólo los seis países del
Consejo de Cooperación del Golfo "llegarán a acumular de aquí a 2020 una suma
rayana en los 9 billones de dólares". Como en la década de los 70, la
Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo Pérsico, cuyo PIB conjunto prácticamente
se ha doblado en tres años, nadan en liquidez: 2,4 billones de dólares en
bancos y fondos de inversión, según una estimación reciente de The Economist.
Con independencia de las tendencias de los precios, la Agencia Internacional de
Energía predice que "cada vez más petróleo procederá de cada vez menos
países, sobre todo de los miembros de la OPEC radicados en Oriente Medio".
Dubai, que saca pocos ingresos del petróleo, se ha
convertido en el hub financiero de la zona para este inmenso charco de riqueza,
y abriga la ambición de llegar a competir con Wall Street y la City de Londres.
Durante el primer shock petrolífero de los 70, el grueso del excedente de la
OPEC se recicló con compras militares en los EEUU y Europa, o se estacionó en
bancos extranjeros para llegar a convertirse en los préstamos subprime de la
época, que terminaron con la devastación de América Latina. Tras los ataques
del 11 de Septiembre, los Estados del Golfo se hicieron harto más cautos a la
hora de confiar su riqueza a países gobernados, como los EEUU, por fanáticos
religiosos. Ahora se sirven de "fondos soberanos" para conseguir una
propiedad más activa en las instituciones financieras extranjeras, mientras que
invierten fabulosas sumas procedentes de las rentas petrolíferas para
transformar los desiertos de Arabia en ciudades hiperbólicas, paraísos de la
compra de objetos de lujo e islas privadas para estrellas británicas del rock y
gánsteres rusos.
Hace dos años, cuando los precios del petróleo eran menos de
la mitad que los actuales, The Financial Times estimó que las edificaciones
nuevas previstas en la Arabia Saudita y en los Emiratos rebasaban ya el billón
de dólares. Hoy, puede que esté ya más cerca del billón y medio, una cifran
notablemente superior a la del valor total del comercio mundial de productos
agrícolas. La mayoría de las ciudades-estado del Golfo están construyendo alucinantes
skylines. La incuestionable estrella en eso es Dubai; en poco más de una década
ha levantado 500 rascacielos, y ahora mismo, tiene ocupada a una cuarta parte
de todas las grúas de altura del mundo.
Este requintado boom del Golfo, que para la celebridad
arquitectónica Rem Koolhaas esta "reconfigurando el mundo", ha
llevado a los propiciadores del desarrollo de Dubai a proclamar el advenimiento
de un "estilo de vida supremo", representado por hoteles de 7
estrellas, islas privadas y yates de clase J. No resulta, pues, sorprendente
que los Emiratos Árabes Unidos y sus vecinos registren la mayor huella
ecológica per capita del planeta. Al propio tiempo, los legítimos propietarios
de la riqueza petrolífera árabe, las masas hacinadas en los airados suburbios
de Bagdad, El Cairo, Amman y Jartum, apenas sacan de ello sino un degoteo de
puestos de trabajo en los campos petrolíferos y de madrassas subvencionadas por
los sauditas. Mientras los viajeros disfrutan de sus habitaciones de 5.000
dólares por noche en Burj Al-Arab, el celebrado hotel veliforme de Dubai, la
clase obrera cairota causa alborotos en las calles, sublevada por el
inasequible precio del pan.
4. ¿Pueden los mercados emancipar a los pobres?
Los optimistas sobre las emisiones, ni que decir tiene,
sonreirán de oreja a oreja y traerán a colación el milagro del comercio de las
emisiones de carbono. Lo que pasan por alto es la muy real posibilidad de que
pueda, en efecto, aparecer un mercado de compraventa de títulos de emisiones,
como se predice, pero que ese mercado no produzca sino una ínfima mejora en el
balance contable global del carbono, mientras no se disponga de un mecanismo
que obligue a reducciones netas en el uso de los combustibles fósiles.
En discusiones populares sobre los sistemas de comercio de
derechos de emisión suelen confundirse chimeneas con árboles. Por ejemplo, el
rico enclave petrolífero de Abu Dhabi (como Dubai, un socio de la Unión de
Emiratos Árabes) se jacta de haber plantado más de 130 millones de árboles,
cumpliendo todos y cada uno de ellos con su tarea de absorber dióxido de
carbono arrebatado a la atmósfera. Sin embargo, ese bosque artificial en el
desierto consume gigantescas cantidades de agua de irrigación producida, o
reciclada, por carísimas plantas desalinizadoras. Bien pueden los árboles
consentir que Sheik Califa bin Zayed se adorne con una vitola de respetabilidad
en las reuniones internacionales, que el hecho puro y duro es que esos árboles
no constituyen sino una ínsula intensiva en energía, como el grueso del llamado
capitalismo verde.
Y llegados aquí, no es ocioso preguntarse: ¿qué, si la
compraventa de créditos de carbono y cupos de contaminación fracasa en punto a
rebajar el termostato? ¿Qué, exactamente qué, motivaría entonces a los
gobiernos y a las industrias globales a juntar fuerzas en una cruzada para
reducir las emisiones mediante la regulación y la fiscalidad?
La diplomacia à la Kyoto parte del supuesto de que la
totalidad de los grandes actores, una vez aceptadas las conclusiones
científicas del informe del IPCC, reconocerán como interés común supremo el de
llegar a controlar el catastrófico curso del efecto invernadero. Pero el
calentamiento global no es la Guerra de los mundos, en la que los invasores
marcianos se dedican a aniquilar a la humanidad toda, sin distinciones. No: el
cambio climático comenzará produciendo impactos espectacularmente desiguales en
distintas regiones y clases sociales. Reforzará, no mitigará, la desigualdad
geopolítica y el conflicto.
Como destacaba el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo en su informe del año pasado, el calentamiento global representa
sobre todo una amenaza para los pobres y para los por nacer, "los dos
grupos humanos con poca o ninguna voz". La acción global coordinada en su favor,
así pues, presupone, o bien la toma revolucionaria del poder por su parte (un
escenario no contemplado por el IPCC), o bien la transmutación del interés
egoísta de los países y las clases sociales ricos en una
"solidaridad" ilustrada que no tiene precedentes en la historia.
Desde la perspectiva de un actor racional, el último resultado sólo cobraría
realismo si pudiera demostrarse que los grupos privilegiados no tienen opción
preferencial alguna de "salida", si la opinión pública
internacionalista condicionara efectivamente las tomas de decisión políticas en
los países claves y si la mitigación de las emisiones de gases de efecto
invernadero pudiera lograrse sin sacrificar drásticamente los desapoderados
niveles de vida del hemisferio norte. Ninguna de esas condiciones parece muy
probable.
¿Y qué pasaría, si el creciente malestar ambiental y social,
en vez de galvanizar heroicos esfuerzos en pos de la innovación y la
cooperación internacional, simplemente empujara a las elites a intentos aún más
frenéticos para, atrincheradas, desligar su suerte de la del resto de la
humanidad?
La mitigación global, en ese inexplorado pero nada
improbable escenario, sería tácitamente abandonada (hasta cierto punto, ya lo
ha sido) a favor de una acelerada inversión en la adaptación selectiva de los
pasajeros de primera clase del planeta Tierra.
De lo que aquí se trataría es de crear oasis verdes
–debidamente vallados— de prosperidad incrustados en planeta devastado.
Huelga decirlo: habrá tratados, créditos de carbono, alivio
puntual para las hambrunas, acrobacia humanitaria y, acaso, la conversión plena
de algunas ciudades y de algunos pequeños países europeos a la energía
alternativa. Pero el giro hacia estilos de vida fundados en emisiones cero o
muy bajas, resultaría inconcebiblemente caro. (En Gran Bretaña, construir ahora
una eco-casa de "nivel 6" –cero carbono— cuesta unos 200.000 dólares
más que una casa corriente en la misma zona.) Y resultará aún más inconcebible
tal vez después de 2030, cuando los impactos convergentes del cambio climático,
el pico del petróleo, el pico del agua y 1.500 millones más de seres humanos en
el planeta empiecen posiblemente a estrangular el crecimiento.
5. La deuda ecológica del Norte
La verdadera cuestión es esta:
¿llegarán los países ricos a movilizar la voluntad política
y los recursos económicos que se precisan para conseguir los objetivos del IPCC
o, lo que viene a ser lo mismo, para ayudar a los países pobres a adaptarse a
la cuota inevitable, ya "comprometida", de un calentamiento que se
está ahora abriendo paso hacia nosotros a través de la ralentización de la
circulación oceánica?
Más plásticamente dicho:
¿soltarán los electorados de las naciones ricas su actual
fanatismo intolerante y se desharán de los valladares fronterizos para admitir
refugiados procedentes de los seguros epicentros de sequía y desertificación en
que se convertirán el Magreb, México, Etiopía y Pakistán?
Y los norteamericanos, el pueblo más paupérrimo si se
conceptúa por su contribución per capita a la ayuda exterior,
¿se mostrarán dispuestos a aumentarse a sí mismos los
impuestos, a fin de ayudar a realojar a los millones de seres humanos que
presumiblemente se quedarán sin hogar, barridos por las inundaciones que
sufrirán regiones megadélticas densamente pobladas, como Bangladesh?
Los optimistas orientados al mercado, una vez más, apelarán
a programas de compra de y compensación por emisiones de carbono como el Clean
Development Mechanism (mecanismo de desarrollo limpio), el cual, sostienen,
permitirá que fluya al tercer mundo capital verde. Pero el grueso del tercer
mundo probablemente prefiera que el primer mundo reconozca el desastre
ambiental que ha creado y que asuma sus responsabilidades. Con razón rechazan
la idea de que la carga principal del ajuste a la época del Antropoceno tenga
que caer sobre quienes menos han contribuido a las emisiones de carbono y menos
beneficios han recibido de 200 años de industrialización.
En un sobrio estudio que acaba de publicarse en los
Proceedings of the U.S. National Academy of Science, un equipo de investigación
ha tratado de calcular los costes medioambientales de la globalización
económica desde 1961, manifestados en la deforestación, el cambio climático, la
sobrepesca, la destrucción de la capa de ozono, la erradicación de los
manglares y la expansión de la agricultura. Luego de proceder a unos ajustes
para incorporar las cargas relativas de los costes, lo que descubren es que los
países más ricos, con sus actividades, habrían generado el 42% de la
degradación medioambiental del planeta, habiéndose hecho cargo de no más del 3%
de los costos resultantes.
Los radicales del Sur apuntarán también, y con razón, a otra
deuda. Durante 30 años, las ciudades en el mundo en vías de desarrollo han
crecido a velocidad de vértigo sin ninguna inversión pública proporcional en
servicios de infraestructura, vivienda o salud pública. En buena parte, eso ha
sido el resultado de deudas contraídas por dictadores, de pagos forzados por el
FMI y de sectores públicos desjarretados por los acuerdos de "ajuste
estructural" impuestos por el Banco Mundial.
Ese déficit planetario de oportunidades y de justicia social
queda reflejado en el hecho de que más de 1.000 millones de personas, de
acuerdo con NNUU-Habitat, vivan actualmente en villas miseria; una cifra que,
según se estima, se doblará en 2030. Un número igual, si no mayor, sobrevive
más mal que bien en el sector informal (un eufemismo del primer mundo para
referirse al desempleo masivo).Y un puro impulso demográfico traerá consigo un
incremento de la población urbana mundial cifrado en 3.000 millones de personas
en los próximos 40 años (el 90%, en ciudades pobres): nadie, absolutamente
nadie, tiene la menor idea del modo en que un planeta de ciudades miseria, con
crisis energéticas y alimenticias in crescendo, podrá subvenir a la
supervivencia biológica de esa gente, y no digamos a sus inevitables
aspiraciones a una felicidad y una dignidad básicas.
Si lo que llevo dicho parece indebidamente apocalíptico,
téngase en cuenta que la mayoría de los modelos climáticos proyectan impactos
que, estupefacientemente, vienen a reforzar la presente geografía de la
desigualdad. Uno de los analistas pioneros de la economía del calentamiento
global, el investigador del Petersen Institute William R. Cline, publicó
recientemente un estudio país a país de los efectos probables del cambio
climático sobre la agricultura en las décadas finales del presente siglo. Aun
en las estimaciones más optimistas, los sistemas agrícolas de Pakistán
(predicción: un 20% de decremento del actual nivel de producción agropecuaria)
y del noroeste de la India (un 30% de decremento) quedarán probablemente
devastados, junto con el grueso de los del Oriente Próximo, el Magreb, el
cinturón del Sáhel, el África austral, el Caribe y México. Veintinueve países
en vías de desarrollo perderán un 20% o más del volumen de su actual producción
agropecuaria por causa del calentamiento global, mientras que la agricultura en
el ya rico Norte recibirá probablemente un estímulo de una media del 8%.
A la luz de esos estudios, la presente competición
implacable entre mercados energéticos y mercados alimentarios, amplificada por
la especulación internacional en mercancías y tierras agrícolas, no es sino una
modesta muestra del caos que, a no tardar, prosperaría exponencialmente si
llegaran a converger el agotamiento de los recursos, una desatentada
desigualdad y el cambio climático. El peligro real es que la solidaridad humana
misma, como si de un saledizo de hielo del occidente antártico se tratara, se quiebre
súbitamente y salte hecha añicos, fracturada en mil pedazos.
Los océanos están siendo sometidos a una enorme presión humana. Su transformación es tan rápida que no pueden regenerarse como antes.
Las profundas transformaciones que han ido padeciendo nuestros mares durante las últimas décadas empiezan a pasar factura; ahora el ser humano comprende que la salud y el bienestar de la especie están ligados a la evolución de los océanos.
<<La degradación de las aguas por contaminación, extracción abusiva de recursos o cambios en la dinámica de los ecosistemas está costando miles de millones de euros a nuestra sociedad>> (sic: Lora Fleming, doctora de la Nacional Science Foundation).
Se está llegando a los máximos admisibles en degradación de sistemas costeros. En las últimas décadas se han visto gravemente perturbadas extensas áreas de marismas (más de un 50%), manglares (un 35%) y arrecifes coralinos (30%) del planeta. Esta degradación afecta a los más de 2.000 millones de personas que basan una parte muy importante de su dieta en productos del mar.
Sólo ahora se empieza a comprender lo que está pasando, y, aunque falta mucho por saber sobre la dinámica de los océanos, algunos científicos ya han comenzado a hacer mapas orientativos de las zonas más degradadas.
Según estas primeras aproximaciones, hasta un 41% del área oceánica se halla muy afectada por perturbaciones diversas. Una de las mayores fuentes de alteración es la sobre pesca: se extraen más de 140 millones de toneladas de pescado anuales, de las cuales más de 100 vienen del mar. Cada vez se pesca a más profundidad, se buscan nuevos caladeros y se captura pescado más pequeño.
Uno de los cambios debidos a la sobre pesca (especialmente de túnidos, cuya captura en alta mar representa más de un 50% de la producción) es la gran proliferación de medusas. <<Su mayor abundancia se debe sobre todo a un cambio en la estructura de las cadenas alimentarías marinas>>, ha dicho reiteradas veces el profesor de investigación Josep María Gili, del Instituto de Ciencias Marinas de Barcelona. <<Si no hay depredadores de medusas, como los escómbridos, pueden proliferar con menores obstáculos; pero es que, además, esas medusas comen larvas de pez y, para colmo, también devoran zooplancton crustáceo, que es base alimenticia de muchas especies de peces>>.
Escaso control…
La esperanza de que la acuicultura sustituya a la pesca de captura directa también la pone en entredicho la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Los casi 19 millones de toneladas que se producen mediante este tipo de procedimiento han degradado muchos ecosistemas costeros, algunos de ellos de forma irreversible, debido al exceso de nutrientes disueltos o de materia orgánica sólida. Este tipo de cultivos libera gran cantidad de comida, además de los restos que genera el propio metabolismo de los peces hacinados en las granjas de cultivo.
La sobre pesca es, sin duda, una de las causas que mayores cambios comportan para los ecosistemas marinos. Sin embargo, hay muchos otros efectos que están degradando los ecosistemas y que son menos conocidos y también menos controlables.
Por ejemplo, aquellos en que el cambio climático está ejerciendo sobre las comunidades en muchos lugares del planeta. Algunos como el desplazamiento de algunas especies de sur a norte, o viceversa, por el aumento de temperaturas son ya un hecho.
Los cambios de temperatura están provocando también mortalidades elevadísimas en comunidades acostumbradas a un régimen concreto de fluctuaciones térmicas y a unos flujos de alimento determinados. Los más perjudicados parecen ser los arrecifes de coral y bosques de gorgonias. La producción del propio fitoplancton, base de las cadenas alimentarías marinas, podría verse afectada por el calentamiento de las aguas superficiales. Sin embargo, estos cambios requieren un conocimiento mucho más profundo de la dinámica de las algas unicelulares y de su respuesta frente a los cambios previstos por los modelos climáticos.
Hemos podido analizar series temporales relativamente largas y hemos llegado a la conclusión de que, especialmente en la costa, la situación puede llegar a ser muy compleja y depender de la adaptabilidad de las especies a los cambios de temperatura, nutrientes y otros factores para su proliferación (Victor Smetacek, profesor en el Instituto Ambiental Alfred Wegener en Alemania).
La acidificación del mar…
Pero a estos cambios hay que añadir uno aún menos conocido y que está transformando los océanos: la acidificación por exceso de CO2. Los mares, en permanente equilibrio con la atmósfera, han absorbido, según los cálculos de los expertos, hasta un 50% del CO2 de origen antropogénico durante los últimos 200 años. Esto provoca un proceso de acidificación por aumento de protones, ya que se equilibran las concentraciones de CO2 y los carbonatos del agua. El exceso de acidificación de los océanos dificulta la precipitación de carbonato de calcio. Muchos organismos pueden ver así, afectado su ciclo biológico, sobre todo aquellos que basan sus estructuras en estas moléculas inorgánicas, desde pequeñas algas unicelulares hasta inmensas estructuras, como los arrecifes de coral.
<<La acidificación de los océanos no es algo nuevo en nuestro planeta. El problema es la velocidad a la que estamos detectando los cambios: calculamos una disminución del pH (acidificación) entre 0,3 y 0,4 puntos para 2100>> (Patrizia Ziveri, doctora de la Universidad Autónoma de Barcelona).
Probablemente, sólo en la época de la extinción de los dinosaurios se haya dado semejante proceso de acidificación en tan poco tiempo. Como en otros temas ligados al cambio climático del planeta (deshielo de los casquetes polares, modificación en la intensidad de las corrientes marinas, aumento de las temperaturas medias en el mar…), queda mucho por comprender y por resolver.
La interacción entre el hombre y los océanos es muy compleja: no basta con aumentar el número de reservas marinas o lugares protegidos, sino adaptar modelos socioeconómicos sostenibles a la dinámica propia de los ecosistemas marinos. La clave del futuro será la combinación de disciplinas como la economía, la ecología, la biología o la sociología. El mar en ningún caso se está muriendo: se está transformando. Pero ahora más que nunca empezamos a ser conscientes de que esta transformación nos puede afectar.
Algunos datos…
Unos 41 millones de personas en el mundo viven de forma directa de la pesca, de los cuales 11 millones viven de la acuicultura. Sólo China posee unas 513.000 embarcaciones de pesca, frente a las más de 83.000 de la Unión Europea.
El 95% de los caladeros del planeta se explota. De hecho, la pesca crece tan sólo un 1,2% anual frente a la acuicultura, que ha crecido un 9% anual en el último decenio.
Unas 10.000 montañas submarinas se calcula que existen, aunque sólo se conocen a media unas 160. De 90 de ellas se tienen datos concretos de su fauna y ecosistema.
Más de un tercio de la población humana vive en las costas del planeta. El potencial aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de determinados fenómenos meteorológicos violentos afectarán de forma diferente a Bangladesh o a Holanda por las diferentes inversiones económicas que se harán en ambos países.
<<Proteger los mares es protegernos nosotros>>
<<Estamos envenenando los océanos>>, dice Jean-Michel Cousteau, entristecido.
<<Del hecho de que hay grandes problemas en el mundo y la única forma de enfrentarnos a ellos es conociendo las causas y ofreciendo soluciones. Es necesario para salvar la calidad de vida de las generaciones futuras. Tenemos que proteger la naturaleza para protegernos a nosotros mismos>>.
<<He hallado en el Pacífico desechos que habían recorrido 5.000 kilómetros. Hace años, durante una de mis expediciones, encontré en el Pacífico, cerca de Hawai, una zona mayor que la gran barrera de corales de Australia, muy deteriora por los efectos del hombre. Encontramos desechos procedentes de 52 países, de zonas a 5.000 kilómetros de distancia>>.
103 años antes de que la bióloga marina estadounidense; Rachel Carson, publicara en 1962, su libro Silent Spring (Primavera Silenciosa), dando origen a una nueva ciencia (la Ecología), a los ecologistas se les llamaba naturalistas; el más famoso de los cuales es el británico Charles Robert Darwin, quien en 1859 publicó su libro On The Origin of Spieces by Means of Natural Selection (Sobre el Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural), cambiando radicalmente a la ciencia llamada Biología, y dando origen a la nueva ciencia de la Biología Evolucionaria y a la más fundamental e importante de sus teorías: la Teoría de la Evolución—tanto Rachel Carson, como Charles Robert Darwin, lograron descubrir y comunicar a toda la humanidad sus muy importantes hallazgos científicos, a partir de la meticulosa observación de la Naturaleza—y derivando sus conclusiones usando rigurosamente el método de investigación científica.
Creo importante aclarar en este momento el hecho de que coloquialmente el concepto “teoría” es algo posible, pero no comprobado; mientras que científicamente, teoría es el rango más elevado y estricto al cual deben ajustarse todos los demás hallazgos científicos que encuadren dentro del ámbito de esa teoría para que puedan ser comprobados científicamente.
Tanto es así, que el naturalista Charles Robert Darwin, afirmó que si se hallaba en la naturaleza una sola forma de vida cuya existencia no pudiese ser explicada por su Teoría de la Evolución, su teoría sería probada científicamente, como falsa; pero, ya han transcurrido 150 años desde la publicación de su teoría, y científicos de todo el mundo; así como personas no científicas reacias a aceptar su teoría como cierta, han llevado a cabo los más variados tipos de argumentación, discusión, observación, investigación, experimentación, y hasta litigios tribunalillos, sin poder hallar ningún ejemplo biológico que no pueda ser explicado por la Teoría de la Evolución—todo lo contrario, esos esfuerzos de muchos; tanto a favor, como en contra, lo que han logrado, es hacer que esa teoría sea cada día más sólidamente cierta y científicamente verdadera.
Todavía muchos seres humanos usan el término prehistoria para llamar a toda época anterior a la invención humana de la escritura; herramienta supuestamente indispensable para el registro de la historia. Sin embargo, al observar a la naturaleza hemos podido comprobar que la prehistoria nunca existió, ni existe, ya que muchas otras formas de vida y procesos naturales han dejado abundantes registros escritos de la historia tanto del Universo y nuestro planeta, como del ser humano—descubiertos todos gracias al método de investigación científica.
En las bibliotecas científicas; tanto escritas, como digitalizadas, ya reposan innumerables volúmenes que describen la historia transcurrida desde el origen del tiempo y el espacio; hace unos 13 mil 700 millones de años, hasta el presente, y con sólo observar y analizar científicamente; por ejemplo, los anillos que presentan en su interior, los troncos de los árboles nativos de los lugares de la Tierra que disfrutan de cuatro estaciones climáticas diferentes; las columnas de hielo extraídas de los glaciares y de los hielos polares del océano ártico o del continente de la antártica; así como, las estratificadas capas de sedimentos que el tiempo ha petrificado y la erosión modificado, podemos leer la historia de todas las formas de vida que han existido en nuestro planeta, las que se han extinguido, las nuevas que han aparecido, y hasta el origen del ser humano—y de cualquier otra forma de vida—y su evolución a través del tiempo hasta nuestros días.
Parafraseando a alguien muy sabio; que no recuerdo, puede decirse que la naturaleza es un libro abierto donde cualquiera—debidamente instruido—puede leer la verdadera historia; totalmente objetiva, sin parcialidades étnicas, religiosas, políticas o de otro tipo, de lo que ha ocurrido en el Universo, en nuestro planeta, y en relación con el ser humano y el resto de las formas de vida que existen hoy en la Tierra.
Por ejemplo, el antepasado más remoto de todas las formas de vida que existen hoy en la Tierra, se llama cianobacteria (antiguamente llamada “alga verde azul”), como lo prueban los aún existentes estromatolitos creados por ellas desde hace aproximadamente unos 3 mil 500 millones de años.
Por ello; observe a la naturaleza;
si es sabiduría lo que le interesa...
Un grupo de iguanas en Galápagos, un paraíso en el Océano Pacífico que inspiró al científico inglés Charles Darwin su teoría sobre la evolución de las especies.
El turismo, la introducción de especies nocivas al frágil ecosistema del archipiélago, el aumento de la demografía, el cambio climático e incluso la globalización son los principales fenómenos de origen humano que ponen en riesgo a las también llamadas Islas Encantadas.
En su viaje a bordo del "HMS Beagle", el científico inglés Charles Darwin encontró en las Galápagos, hoy una reserva terrestre y marina de 40.000 kilómetros cuadrados, un "laboratorio natural" y las pruebas vivientes de su teoría.
Según el presidente de la Fundación Científica Charles Darwin de Galápagos, Gabriel López, estas islas siguen siendo importantes para la ciencia, ahora "para explicar cosas nuevas, como el cambio climático, porque representan un microcosmos del planeta".
Aunque ello no supone dejar de lado el estudio de las especies que tienen su hábitat en las islas, el fuerte de la investigación se dirige al entendimiento de los "nuevos desafíos de nuestro tiempo", dijo López. "El paso importante que estamos haciendo ahora es entender mejor las dinámicas del ecosistema, que incluye el impacto humano en la biodiversidad", añadió.
Sin embargo, insistió en que "más allá de especies específicas, lo importante es entender mejor la dinámica de un ecosistema sumamente complejo y que es parte de un enorme rompecabezas, cuyas piezas hay que poner en su lugar".
Simposio de científicos
Por eso, al conmemorarse el bicentenario del natalicio de Darwin y los 150 años de su libro sobre la evolución de las especies, la fundación prevé congregar en julio próximo a una pléyade de científicos del mundo, en un simposio en el que fuera el laboratorio del naturalista.
Ese encuentro se celebrará entre el 20 y 24 de julio en el marco de la celebración, también, de los 50 años de creación de la Fundación Charles Darwin, cuya sede se encuentra en Puerto Ayora, en la Isla Santa Cruz, a mil kilómetros al este de las costas continentales de Ecuador.
Turismo, uno de los mayores peligros
En el 2008 "llegaron 173.000 visitantes a Galápagos", 90.000 de ellos en cruceros, "bien controlados", pero el resto, "es un turismo con base en tierra, hoteles en dos o tres islas", que generan un aumento en la demanda de servicios.
Ese último tipo de turismo, para López, puede llegar a ser muy dañino para el ambiente y esa ha sido una de las preocupaciones de la Unesco y de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que han ubicado al archipiélago en una lista negra de reservas en peligro.
Tras reconocer el riesgo que corre Galápagos, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha ordenado que se apliquen estrategias encaminadas a la protección de la biodiversidad en las islas.
"Soy optimista de que se puede crear un Galápagos sostenible para el año 2020", añadió López, para quien, el mejor homenaje que se puede hacer a Darwin, al conmemorarse este 12 de febrero el bicentenario de su nacimiento, es trabajar para crear una conciencia mundial sobre la fragilidad del medio ambiente.
La incorporación de la iguana rosada a la lista de especies de Galápagos "alienta a profundizar el conocimiento. Nuestros científicos de planta han descubierto ciertas especies de mariposas" endémicas, añadió López.
El carbón vegetal presentado como “biochar” encaja perfectamente con otras falsas soluciones climáticas basadas en plantaciones a gran escala y en apropiación de tierras, que van desde agrocombustibles a plantaciones de árboles como “sumideros de carbono” y árboles transgénicos. La lógica científica para el “biochar” es aún más endeble que para muchas de esas otras falsas soluciones.
De acuerdo con un número creciente, elocuente y muy bien conectado grupo de científicos, empresarios y lobbyistas profesionales, la mejor y quizá única manera para que la humanidad pueda sobrevivir al cambio climático y resolver la crisis alimentaria y energética consiste en enterrar en el suelo miles de millones de toneladas de carbón cada año. Al carbón utilizado de esta forma lo llaman “biochar” (en inglés) y afirman que dejará aprisionado el carbono durante miles de años, que el proceso de su producción generará energía, que incrementará grandemente el volumen de las cosechas y que detendrá la deforestación (que de acuerdo con muchos de ellos, es causada principalmente por pequeños agricultores que talan e incendian bosques porque no pueden mantener la fertilidad de sus suelos). Sin importar cuan extrañas e infundadas puedan ser tales afirmaciones, éstas están siendo tomadas muy en serio en altos círculos de toma de decisiones.
En la conferencia de 2008 de la Iniciativa Internacional Biochar (IBI, por su sigla en inglés) –el principal foro para la promoción del carbón vegetal con esos fines - el orador central fue el australiano Tim Flannery. Este señor preside el Consejo Climático de Copenhague, el cual está organizando la Cumbre Mundial Empresarial sobre Cambio Climático para mayo de 2009, en la que se plantearán “recomendaciones” de dirigentes empresariales y pro empresariales a la Convención sobre Cambio Climático (UNFCCC). Numerosos miembros y promotores de IBI tienen también buenas conexiones y capacidad de influenciar en decisiones políticas de alto nivel.
La IBI cosechó importantes éxitos en la conferencia del UNFCCC realizada en Poznan. A partir de una propuesta de la Convención contra la Desertificación (UNCCD), el carbón vegetal fue incluido (como biochar) en el “diálogo para el régimen del clima posterior a 2012” (1). A eso se suma que el gobierno de Micronesia propuso que el carbón vegetal debería jugar un rol importante en la mitigación del cambio climático. Es posible que en la próxima reunión de UNFCCC en Copenhague se aprueben formalmente créditos de carbono a partir del carbón vegetal (como biochar) en el marco del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) para el período posterior a 2012.
En caso de que ello sucediera, entonces una declaración hecha por Flannery sobre “biochar” podría resultar cierta: “con la adecuada ... promoción y adopción, cambiaría nuestro mundo para siempre”, aunque seguramente se alcanzaría la conclusión opuesta con respecto a la segunda parte de sus palabras: “y ciertamente para mejor”. (2)
El carbón vegetal es un subproducto de la pirólisis de la biomasa, una forma de producción de bioenergía que, además del carbón, produce dos tipos de combustible: gasoil vegetal y syngas. Ambos pueden ser utilizados para calefacción y energía y también pueden ser refinados en agrocombustibles de segunda generación, es decir, en gasolina para automóviles y potencialmente para aviación. Encaja entonces perfectamente con el impulso a las biorefinerías y plantaciones de árboles para alimentar autos, aunque sin depender de ellos. La pirólisis para calefacción y energía podría despegar rápidamente si se pudieran superar ciertos “obstáculos de mercado”. Si las empresas dedicadas a la pirólisis pudieran ganar dinero mediante la transformación del carbón resultante en fertilizantes patentados (y la garantía de obtener elevadas ganancias de la venta de fertilizantes en vinculación con la expansión de las plantaciones) y si, encima de eso se pudieran obtener créditos de carbono, la industria despegaría muy rápidamente. Para empresas tales como Best Energies, Eprida, Dynamotive y Biomass Energy and Carbon, lograr la inclusión de este carbón vegetal en el comercio de carbono podría significar la diferencia entre una posible quiebra o, como lo dice Best Energies, “ganar la actual disputa por los combustibles de nueva generación”. (3)
Los promotores de IBI difunden una imagen de una futura industria que beneficiará principalmente a pequeños agricultores y otra gente local a través de pequeñas unidades de pirólisis y cocinas para producir carbón. Sin embargo, muchos de sus representantes hacen llamados para objetivos de secuestro de carbón vegetal (biochar) que harían que 500 millones de hectáreas de plantaciones parecieran superficies conservadoras.
El carbón vegetal presentado como “biochar” encaja entonces perfectamente con otras falsas soluciones climáticas basadas en plantaciones a gran escala y en apropiación de tierras, que van desde agrocombustibles a plantaciones de árboles como “sumideros de carbono” y árboles transgénicos. La lógica científica para el “biochar” es aún más endeble que para muchas de esas otras falsas soluciones. Por dañinos que sean, los agrocombustibles pueden al menos hacer mover autos. Por su parte, la incorporación de carbón a los suelos no ha demostrado aún ser capaz de secuestrar carbono o de aumentar por sí misma la fertilidad de los suelos. La “evidencia” de tales afirmaciones se basa fundamentalmente en antiguos suelos de la Amazonía Central, que se formaron hace cientos o aún miles de años atrás, hoy llamados “terra preta” (tierra negra). La terra preta fue creada por pequeños agricultores que, durante muchas generaciones, incorporaron al suelo una mezcla de carbón, compost, huesos animales y de pescado, sedimentos del río, estiércoles y diversos restos de biomasa. No hay evidencia de que se puedan recrear suelos ricos en carbono y fértiles simplemente –o rápidamente- por la aplicación de grandes cantidades de carbón a los campos de cultivo.
Hasta el momento se ha publicado solo un estudio de campo sobre “biochar” en revistas académicas. Los investigadores hallaron que el agregado de carbón al suelo hacía que funcionaran mejor los fertilizantes sintéticos nitrogenados. Sin embargo, el rendimiento de plantas cultivadas con carbón vegetal y fertilizantes mostró ser considerablemente menor que el de aquellas cultivadas solo con excrementos de gallina. Al utilizar solo carbón, el aumento de producción fue nulo después de dos cosechas. Esta es la razón que explica por qué gran parte de la investigación sobre “biochar” incluye un fertilizante compuesto de bicarbonato de amonio, en el que el carbón es solo un componente. Al menos durante ese estudio de corto plazo, la mayor parte del carbón permaneció en el suelo, pero otros estudios indican que ni siquiera eso está garantido.
Un estudio llevado a cabo en Kenia mostró que durante los primeros 20-30 años luego de la quema de biomasa, los suelos perdían el 72% del carbono contenido en el carbón. (4) Resultados iniciales de un estudio de campo en Colombia mostraron que las parcelas con carbón mostraban rendimientos mayores, pero que perdían 60% más carbono del suelo que las parcelas de control luego de dos años. (5) Esto muestra que las afirmaciones de que el “biochar” tiene el potencial de secuestrar carbono a escala de geoingeniería no son más que pretensiones sin fundamento.
La presión actual por el carbón vegetal como “biochar” puede ser comparada con la que se dio a los agrocombustibles hacia 2002. Promesas infundadas para resolver la crisis climática y la pobreza de una sola vez mientras que, detrás de bambalinas, un masivo esfuerzo de cabildeo preparaba el camino para la creación de mercados artificiales con apoyo estatal. Hacia fines de este año, el lobby del “biochar” podría tener éxito en lograr su incorporación en el MDL y otros esquemas de comercio de carbono a partir de 2012, posiblemente con “créditos dobles” y accediendo a otros apoyos estatales.
Una vez esto esté logrado, sería seguido por grandes inversiones en la industria y por la expansión de plantaciones. Varias empresas indonesias de la celulosa y el papel, el director ejecutivo de la Asociación indonesa de aceite de palma, EMBRAPA en Brasil, la empresa de agronegocios boliviana DESA en Santa Cruz y Shell se encuentran entre las que ya están promoviendo esta idea.
La pregunta es si los grupos y movimientos de la sociedad civil serán capaces de organizarse lo suficientemente rápido como para tener éxito en detener el avance del “biochar” industrial y, en particular, el comercio de carbono vinculado al carbón vegetal como mejorador de suelos. En caso de fallar este año, pronto podríamos encontrarnos luchando contra una nueva ola de apropiación de tierras y contra la destrucción de bosques y otros ecosistemas.
Unos científicos del Instituto de Investigación de la Meseta tibetana (ITP), dependiente de la Academia China de Ciencias, y colaboradores, han comprobado recientemente que las bacterias depositadas en el hielo y la nieve podrían aportar datos importantes sobre cómo ha estado cambiando nuestro clima.
Menéame
El descubrimiento podría dar a la comunidad científica un nuevo indicador para evaluar el actual cambio climático, distinto en su naturaleza a todos los cambios físicos o químicos importantes acaecidos anteriormente.
Según el Profesor Yao Tandong, científico principal de la investigación, la abundancia de bacterias en los núcleos de hielo varía en respuesta a las condiciones climáticas. Trabajando con muestras de hielo y nieve tomadas del glaciar Guoqu en el Monte Geladaindong, Yao y sus colaboradores del ITP y de la Universidad de Xiamen, en China, midieron las abundancias anuales de bacterias atrapadas en el hielo durante las últimas siete décadas. Los análisis mostraron que los niveles bacterianos aumentaron con las temperaturas y concentraciones de polvo más altas.
Los expertos encontraron que la abundancia bacteriana, con su valor mínimo en 1938 y el máximo en 1997, aumentó de acuerdo con los niveles de oxígeno-18, un isótopo natural y estable de oxígeno conocido por estar bien correlacionado con la temperatura. Normalmente, la concentración de oxígeno-18 en el hielo sube en los años más calurosos.
Las bacterias también aumentaron con los niveles de polvo en el núcleo, según descubrieron los científicos al medir los niveles de calcio en las capas polvorientas visibles. El polvo probablemente fue transportado al glaciar durante la temporada primaveral de tormentas de polvo, quedando luego atrapado.
Posteriores análisis mostraron que el factor estacional desempeña un papel relevante en la diversidad bacteriana. Durante la estación de los monzones, los microbios se originaron en entornos muy diversos, incluyendo fuentes animales y hasta humanas, mientras que en las estaciones no monzónicas se originaron principalmente en entornos más fríos y cercanos.
El estudio es el primero de su tipo en hallar una conexión entre las bacterias y el cambio climático en estudios ecológicos.
En la madrugada del viernes 23 al sábado 24 de enero de 2009, durante el violento temporal que azotó casi toda España, la Boya Augusto González de Linares (Boya AGL) del Instituto Español de Oceanografía, registró dos enormes olas: una de 26,13 metros y otra 24.65 m (26 metros corresponde a la altura aproximada de un edifico de viviendas de entre siete y ocho plantas).
Como resultado de un oleaje para el cual sus anclajes no estaban previstos, los anclajes de la boya se rompieron y ésta quedó a la deriva. Sin embargo, sus sistemas telemáticos continuaron transmitiendo, lo cual permitió localizarla y rescatarla frente a las costas de San Sebastián.
En fechas próximas será fondeada de nuevo en su emplazamiento original y volverá a emitir en tiempo real importante información científica y práctica de tipo oceanográfico y meteorológico. Los datos de la boya son transmitidos internacionalmente mediante los sistemas de Puertos del Estado y la Agencia Estatal de Meteorología para su utilización en los modelos océano-meteorológicos nacionales e internacionales.
...ALGUNAS FOTOGRAFIAS...
|